Es indispensable vitalizar los tejidos sociales en función de un país más funcional y sostenible

El desarrollo es una labor en equipo, que requiere de las ideas, de las fuerzas y del compromiso de la generalidad de ciudadanos, de toda procedencia y de toda condición.
Enlace copiado
Es indispensable vitalizar los tejidos sociales en función de un país más funcional y sostenible

Es indispensable vitalizar los tejidos sociales en función de un país más funcional y sostenible

Es indispensable vitalizar los tejidos sociales en función de un país más funcional y sostenible

Es indispensable vitalizar los tejidos sociales en función de un país más funcional y sostenible

Enlace copiado
Cuando se hace un balance desapasionado de la situación nacional una de las evidencias que saltan de inmediato es la referente a la insatisfacción social que se manifiesta en la cotidianidad de la vida ciudadana. Esto es, en buena medida, producto de la incapacidad tradicional del sistema para darle a la población los estímulos adecuados para que sus integrantes puedan encontrar oportunidades de autorrealización que les hagan sentir que hay futuro promisorio. Y tal insatisfacción acumulada en el tiempo ha venido generando mucha carga negativa en el ambiente, que se hace sentir de las más variadas maneras.

Lo que ha venido faltando es una política social que no sea interesado despliegue populista, sino auténtica y responsable estrategia para mejorar progresivamente y de manera sustentada las condiciones de vida de la población, mientras se propicia el crecimiento económico que le dé a dicha estrategia sustento y proyección en el tiempo. Para lograr y consolidar tal dinámica es indispensable incrementar, ampliar y profundizar la inversión social, tanto pública como privada. Y en ese sentido, el mecanismo inteligente y realista de los asocios público-privados constituye un instrumento de primer orden y de primera mano para expandir y regionalizar las prácticas del desarrollo a lo largo y ancho del país.

Hay que tener presente en todo momento que la reconfiguración social no se logra con sólo hacer esfuerzos atinados desde el campo de la política: es necesario contar con un proyecto de reeducación cultural, que parta de la familia, se despliegue en la escuela y abarque todos los mecanismos de la sociedad. Dicho proyecto tampoco puede ser de carácter sectorial o estar definido por preferencias o exclusiones de grupo. Hablamos de una dinámica nacional en pleno, que recupere energías de nación y se proyecte con visión unitaria hacia todos los horizontes del futuro. Es decir, una tarea de todos y para todos.

Las distintas formas y grados de insatisfacción que proliferan en el cuerpo social ponen a cada paso trabas y contratiempos en el avance democratizador hacia el desarrollo. Tenemos que despejar las vías y habilitar los vehículos que nos permitan avanzar de veras. El desarrollo es una labor en equipo, que requiere de las ideas, de las fuerzas y del compromiso de la generalidad de ciudadanos, de toda procedencia y de toda condición.

Y tampoco hay que perder de vista que el desarrollo no es un fenómeno unitario simple, sino que tiene múltiples dimensiones, como decir el desarrollo humano, el desarrollo productivo, el desarrollo local y el desarrollo territorial. Y desde luego no hay que dejar de lado el hecho absolutamente comprobable de que sin desarrollo no hay progreso y sin progreso no hay estabilidad con futuro.

Hay que salir de una vez por todas de la trampa conceptual que prevaleció por tanto tiempo: creer que la mejoría social es sinónimo de “liberación” ideológicamente encapsulada. Por el contrario, lo que la experiencia nos enseña en todas partes es que la sociedad prospera de manera integral sólo cuando se les da vigencia real y plena a las libertades transideológicas, que son las que sostienen una verdadera práctica democrática. Y es que la prosperidad nunca se logra ni mucho menos se consolida por decreto: hay que construirla en el día a día, con las herramientas de la voluntad y del trabajo, y en clave de apertura equitativa. La tarea habría que verla y animarla no como un proyecto aislado, sino como parte viva del gran esfuerzo de nación que está pendiente.

En nuestro país, nos falta mucho aún para tener bien asumida la democratización en todas sus dimensiones. Hemos avanzado bastante en la democracia política, pese a lo que evidentemente nos está faltando por hacer; pero se ha caminado muy poco en democracia social, económica y cultural. La tarea es inmensa, y será cosa de tiempo; por eso mismo hay que empujar la dinámica cuanto antes, pues la realidad no espera.

Ante una nueva legislatura y con la perspectiva de más de dos años sin competencia electoral de cara a las urnas, la oportunidad de hacer movimientos motivadores en el área social y en el área económica se presenta más favorable que en cualquier otro momento del pasado más reciente. Esto habría que aprovecharlo sin tardanza, poniendo la visión de país y la eficiencia administrativa en primer plano. Si ambas se conjugan de modo constructivo es factible darle al país un renovado estímulo de confianza en sí mismo.

Tags:

  • autorrealizacion
  • ciudadania
  • compromiso
  • trabajo

Lee también

Comentarios

Newsletter