Es la producción y las exportaciones, estúpido... (I)

Para evitar que El Salvador caiga al despeñadero y tenga prosperidad y futuro, el tema más importante es y será el crecimiento sostenido de la producción nacional liderado por las exportaciones. Ni los gobiernos ni la sociedad civil nos hemos enfocado en este imperativo nacional.
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“Es la economía, estúpido...” decía el gran rótulo que puso en el “cuarto de guerra” de la campaña electoral James Carville, el principal estratega político-electoral de Bill Clinton, para recordarle al candidato y a los que trabajaban con él de mantenerse enfocados en el tema que consideraba más importante de todos para ganar las elecciones: la economía. Para ganar la batalla estratégica y evitar que El Salvador caiga al despeñadero, y le construyamos prosperidad y futuro, el tema más importante es y será un alto crecimiento sostenido de la producción nacional liderada por las exportaciones. Ni los gobiernos ni la sociedad civil nos hemos enfocado en este imperativo nacional.

De 1965 a 1978, la economía creció a una tasa promedio de 4.8 %, lográndose en 1978 el nivel máximo histórico de la producción nacional antes de comenzar la guerra. Desde entonces hasta 1982 la producción cayó un tercio (32.7 %, 38.8 % per cápita). Desde 1983 hasta 1989 el crecimiento se mantuvo prácticamente constante y fue hasta 1990-91 que la economía comenzó a crecer cuando la intensidad de la guerra disminuyó y se visualizó por primera vez que la paz sería realidad. Desde entonces la economía pasó de tasas de crecimiento de 4.9 % del PIB (1990-99) a 2 % (2000-2009) y a 1.9 % (2010-2015). Solo hasta 2003 igualamos el PIB per cápita de 1978, 25 años después. Y desde entonces hemos crecimos muy poco.

El año 2015 concluyó con un PIB per cápita real solo 16 % mayor al de 2003, equivalente al de 1978. En la última década y media (2000-2015), su crecimiento promedió 1.4 % anual. El crecimiento del PIB per cápita hubiera sido mucho menor sin el éxodo sostenido de la población salvadoreña al exterior y sin la reducción de la tasa de crecimiento poblacional que pasó de 3 % anual en la década de los sesenta y setenta, a 1 % en las últimas dos décadas y media. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional afirmó que el crecimiento del PIB en El Salvador “ha sido lento en los últimos 15 años debido a las debilidades estructurales”, y el débil entorno internacional desde la crisis global de 2008-2009 ha exacerbado el problema”.

El bajo crecimiento promedio de la producción nacional per cápita de bienes y servicios en todos estos años (2000-2015) se explica por los bajos niveles de inversión pública (2.5 % del PIB) y de inversión privada (12.7 % del PIB). Con promedios aún menores desde el año 2004 en inversión pública (2.3 %), y en inversión privada (12.4 %). En el periodo 2009-2015 la inversión privada fue aún menor (11.6 %) y la inversión pública fue igual en promedio.

En las dos primeras décadas después de los Acuerdos de Paz, la desigualdad social se mantuvo, contrarrestada por remesas familiares crecientes que tuvieron un efecto compensatorio de la desigual distribución del ingreso. Esta comenzó lentamente a mejorar en 2006 y aún más de 2010 a 2015 que descendió, coincidiendo con el período de menor crecimiento económico de la posguerra (2009-2015), siendo la desigualdad del ingreso en El Salvador la menor de los países centroamericanos, sorprendentemente menor que la de Nicaragua y Costa Rica. El indicador que mide su concentración –el índice de Gini– pasó de 0.481 en 2008 a 0.380 en 2014. Lo explica el bajo crecimiento de la economía 2009-2005 aunado a políticas redistributivas de cierta importancia y el aumento de remesas familiares de Estados Unidos con la recuperación de su economía. Igualándonos hacia abajo.

La política económica de privatizaciones y liberalización desde 1991 hasta la dolarización en 2001 (con tasa de cambio sobrevaluada, y fija en adelante) desarrollaron el marco de políticas, incentivos y precios relativos que conformó la lógica del funcionamiento y reproducción de la economía. Así se desarrolló progresiva y acumulativamente una economía de limitada capacidad de inversión, producción y exportaciones, que se insertó distorsionadamente a la economía internacional con un flujo creciente de migración de personas y de remesas familiares que financiaron importaciones crecientes. El crecimiento de la economía está asociado principalmente al consumo y a la inversión comercial-importadora financiada por remesas, y en menor proporción a la inversión productiva y las exportaciones.

A partir de migraciones y remesas crecientes, en un marco de sobrevaloración del tipo de cambio e incentivos diversos al consumo importado, los motores principales del crecimiento fueron el consumo y las importaciones, frente a tasas pequeñas de crecimiento del ahorro, de la inversión y de las exportaciones. Se abarataron las importaciones a través de una apertura comercial agresiva, se cambió la estructura de subsidios que antes favorecían a la producción, y se implementaron políticas de desregulación financiera. Eso explica, como lo afirmó William Pleitez, que “El Salvador registre actualmente la séptima tasa más alta de consumo privado como proporción del PIB en el mundo y que también se encuentre entre los 10 países con mayor déficit comercial”.

En efecto, de 2005 a 2015 el consumo superó a la producción con tasas entre el 2 % y el 7.6 %, para un promedio de 4.1 %. Las billonarias remesas familiares financiaron la diferencia y mucho más, y el enorme déficit comercial.

(Continuará)

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