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Es tiempo de estadistas, no de populistas

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En la columna anterior nos referimos a las declaraciones del presidente electo ante la Heritage Foundation, entre las que cabía calificar de positivo, reafirmar su intención de luchar contra la corrupción, promover la libertad de empresa y la llegada de más inversión. A pesar de lo positivo de dichas afirmaciones, no podemos dejar de señalar lo aventurado que resulta asegurar que al final de su gobierno acabará en un cien por ciento con la migración ilegal y el tráfico de drogas que pasa por El Salvador.

En otro suceso, la semana anterior ante una marcha de protesta por el agua, Bukele exigió a las autoridades policiales, a través de las redes sociales, liberar en 2 horas a quienes fueron detenidos por causar supuestos daños. Sin todavía gobernar ni tener la potestad legal para ello.

La solución a los graves problemas que nos aquejan demanda posiciones y acciones concretas del presidente electo, que partan –por un lado– de planes serios, objetivos y viables; y –por otra parte– que sus propuestas provengan de un irrestricto respeto por la ley y las instituciones. Necesitamos estadistas, no populistas.

El populismo, entre otras actitudes o síntomas, implica la manipulación irreflexiva de la opinión popular, llevada a cabo por quienes detentan posiciones de poder; por ello no es exclusiva de quien encabeza o asumirá el Órgano Ejecutivo, pues es también visible en quienes ejercen la función legislativa. El populismo es una corriente sin ideología, que descansa en decir a la gente lo que esta quiere oír, en prometer a ciegas sin saber cómo se va a cumplir. Es prometer el cielo, en medio del infierno...

Tan populista puede sonar acabar en 5 años con la migración ilegal que parte desde El Salvador, si no se tiene en cuenta estudios técnicos y sociales serios y sin sesgos ideológicos que identifiquen las causas reales del problema, como también es populista hacer propuestas sin considerar los programas de acción, incentivos estatales e inmensos recursos monetarios que su puesta en marcha requiere para comenzar a visualizar su solución.

Las soluciones son un proceso de tan largo plazo, como largas han sido las décadas en que se postergó afrontar con inteligencia y voluntad tal situación; como populistas son las recientes propuestas legislativas, de eliminar el antejuicio solo por delitos sexuales o por feminicidos, cuando tal privilegio constitucional merece una revisión y discusión general; incorporar de un plumazo a los beneficios del ISSS a los menores de hasta los dieciocho años de edad, cuando ni a los cotizantes actuales dicha institución es capaz de tratar con eficiencia y dignidad; o pedir aumentar significativamente las multas a motoristas irresponsables, cuando las chatarras humeantes no dejan de transitar.

No se confunda y engañe a la gente. No se puede prometer y ofrecer basados en el oportunismo político. Se necesita mucha inversión pública y privada de largo plazo para disminuir progresivamente la migración ilegal, pero sin seguridad, justicia, salud y más y mejor educación, no hay manera de frenar el deseo de superación y de migración de tanta gente. Y en estos asuntos interviene no solo el presidente, sino el Estado y sus instituciones en conjunto. Para lograr todo ello, necesitamos estadistas y no populistas, que piensen no en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones...

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  • presidente electo
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