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¿Es todavía reformable el Frente?

Aunque estoy plenamente consciente de que los que todavía nos interesamos por el devenir del FMLN somos una rara especie en extinción, sigo creyendo que el Frente es demasiado importante para que el país los deje tranquilos en la respetuosa paz de su propia auto-destrucción y creciente irrelevancia.

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Alberto Arene

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Buena parte de la derecha y de algunos grupos empresariales consideran que la principal contribución del triunfo de Bukele es haber eliminado, finalmente, el peligro del Frente controlado por comunistas. Sin minimizar dicha contribución, otros pensamos que el país necesita de una izquierda fuerte, progresista y moderna, contrapeso de la avasalladora fuerza nacional e internacional de aquellas derechas y grupos empresariales impulsoras de capitalismos salvajes, corrupción descarada desde el Estado, con democracia, institucionalidad y libertad de prensa asediadas.

Veinte años de férreo control del partido y diez del gobierno, dos estrepitosas derrotas electorales consecutivas que lo minimizaron en el poder legislativo y lo expulsaron del Ejecutivo con un millón de votos menos, y un legado mediocre en la gestión de gobierno y en el manejo de varios de sus dirigentes en la transparencia y probidad de los recursos del Estado, conduce a una conclusión inexorable: el FMLN controlado por los comunistas ha fracasado. La izquierda democrático-progresista y social-demócrata debería ser su alternativa, más allá de su complicada viabilidad.

¿Y entonces qué?, si ese pensamiento ha sido el dominante y principal punto de referencia de la izquierda, "el proyecto", principios y valores sobre los que los dirigentes "socialista-revolucionarios" acusaron a Óscar Ortiz que se apartaría, de ganar la secretaría general, derechizando al partido y alejándolo del "proyecto revolucionario".

Como ha sido el caso de todos los proyectos políticos de orientación marxista-leninista, el llamado proyecto revolucionario consistió en eliminar la democracia interna, manipulando el padrón electoral para favorecer su poder, en eliminar las elecciones libres para escoger a sus autoridades y candidatos, en restringir la libre expresión y el debido proceso para dirimir internamente a su favor controversias y justicia, en eliminar la formación política con consignas, y lectura de panfletos de limitada consistencia académica y política, en alinear al partido con dictaduras fracasadas, socialistas del siglo XX y del siglo XXI encabezadas por la narcodictadura venezolana, el fracaso más grande económico, social e institucional de los "socialismos" en uno de los países más ricos del mundo.

El rechazo de las bases al fracaso de la dirección del partido fue tal que aun controlando todas las estructuras partidarias y manipulando el proceso electoral a favor de su candidato, perdieron la secretaría general frente a un Óscar Ortiz sin mayor organización interna, y sin estructuras desde donde impulsar su candidatura. Tendrá que gobernar con ellos que siguen siendo mayoría en el Consejo Nacional y en la Comisión Política, desde donde se opondrán a cualquier reforma que fortalezca el balance de fuerzas a favor de Ortiz y sus aliados.

Adicionalmente, hay mucho ruido sobre la transparencia y probidad de Ortiz como alcalde de Santa Tecla y como vicepresidente de la república aliado de cuestionados personajes en relevantes instituciones del Estado. Tampoco se ha distinguido por rodearse de ciudadanos democrático-progresistas de sólida trayectoria académica, profesional y política, siendo sus equipos muy débiles. Su reconocido pragmatismo lo ha llevado a estructurar alianzas con más de algún líder de ideología contraria, sin los cuales ni hubiera ganado por un pelo la elección, ni podría aspirar a co-gobernar el partido. Estos aspectos podrían limitar la profundidad y rapidez de la reforma, la incorporación de sangre nueva y valiosa, y la confianza y organización de un proyecto consistente de transformación del Frente y del país.

No obstante estos señalamientos y limitaciones, su mayor talante reformista, democrático y moderno, su discurso más atractivo de mayor clic en los tiempos modernos, su convencimiento de abrir el padrón electoral de 40 mil a 100 mil militantes, su apoyo a la reincorporación de los veteranos del FMLN histórico, su convencimiento de promover la inversión y el crecimiento y su mejor relación con empresarios diversos, su ilimitada energía y vocación de poder, su convencimiento que se trata de una dirección de transición impulsando y preparando el relevo generacional con la incorporación de decenas de miles de jóvenes, y su indiscutible experiencia política y de gobierno, son factores que le ayudarán a intentar transformar el Frente.

Una transformación lenta y conflictiva de pronóstico muy reservado. Pero que después de semejante atraso, decepción y fracaso, vale la pena intentarla.

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