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Es vital darle sostenibilidad al proceso del país más allá de las diferencias políticas

En esa línea, hay que insistir en el reclamo de que temas altamente sensitivos como es el tema de la seguridad no vayan a ser utilizados como elementos de canje en el plano electoral, como ya ha ocurrido en eventos anteriores.
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Es vital darle sostenibilidad al proceso del país más allá de las diferencias políticas

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Inmersos ya como estamos en una campaña electoral que se concretará en dos fechas pero que va corriendo en paralelo en el hacer cotidiano, se hace indispensable, para darle al proceso la credibilidad y la estabilidad que son necesarias por encima de cualquier otra consideración, que todos los participantes en esta dinámica competitiva, que sin duda es más intensa que en oportunidades anteriores, hagan esfuerzos reales y visibles para mantener la contienda en el plano válidamente competitivo, sin derivar hacia el desgaste provocado por las descalificaciones y sin apelar a la demagogia que tantos malos efectos trae consigo. Lo que está en juego en el trasfondo de la competencia es la preservación de la legalidad en todas sus expresiones y el aseguramiento de la participación ciudadana en un plano de altura.

Las diferencias políticas son legítimas como tales dentro de la lógica democrática normal, pero hay que garantizar, por todos los medios posibles, que en ningún momento o circunstancia tales diferencias actúen como ganzúas o como retrancas para desnaturalizar el buen ejercicio del proceso. Y en tal sentido, ningún argumento puede ser válido para violentar los límites que le establece la ley al dinamismo político. En estos tiempos en que el crimen organizado se halla cada vez más firmemente instalado en el ambiente, con todas las derivaciones nefastas que esto acarrea, hay que evitar a toda costa que la legalidad se someta a sus dictados. En esa línea, hay que insistir en el reclamo de que temas altamente sensitivos como es el tema de la seguridad no vayan a ser utilizados como elementos de canje en el plano electoral, como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores. La limpieza de los eventos electorales tiene que asegurarse desde el mismo instante en que se inicia su despliegue en el terreno, para así darles a los resultados la confianza que se requiere.

Las condiciones de nuestra realidad hacen imprescindible que la vida política, en todos sus ámbitos y manifestaciones, pueda responder a los desafíos nacionales con la suficiencia del caso en los distintos momentos del presente y del futuro. Y ahora, cuando está próxima la siguiente elección presidencial, eso se hace más notorio, porque quienquiera que asuma la conducción gubernamental en 2019 se tendrá que enfrentar desde el primer día con responsabilidades y con obligaciones ineludibles, en lo financiero y en lo institucional. La competencia actual, pues, tiene que ceñirse a lo que exige el fenómeno real, que no tiene connotaciones ideológicas sino características fácticas. Son los hechos en definitiva los que se imponen, y por ello la política tiene que estar siempre atenta a su desempeño.

Confiamos en el buen tino histórico que ha venido mostrando el pueblo salvadoreño en las diversas etapas de su recorrido, hasta en las condiciones más traumáticas, como las que imperaban en la preguerra y en la guerra. En la actualidad hay retos de igual y aun de mayor envergadura, como son los resultantes del auge del crimen y de las limitaciones y estrecheces que provoca el escaso crecimiento económico. Todos tenemos que encarar dichos retos, y las fuerzas políticas y sus representantes tienen que hacerlo a la cabeza.

La sostenibilidad del proceso nacional es tarea inequívocamente prioritaria. Hemos venido a la deriva al respecto, y hay que reordenarse para la buena marcha.

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