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Es vital para la sanidad del sistema frenar toda infiltración del crimen en las estructuras institucionales del país

No es admisible dejar ningún cabo suelto en el empeño de salvaguardar el orden establecido, que podría llegar a quebrantarse definitivamente si no se toman las providencias del caso en forma oportuna.
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En fechas recientes vienen apareciendo cada vez más evidencias de los movimientos que realiza el crimen organizado con el propósito de penetrar en las estructuras institucionales, no sólo para lograr ventajas específicas en situaciones determinadas sino para irse colando y colocando estratégicamente en la lucha abierta desatada entre la criminalidad y la institucionalidad. Las ventajas perversas que ofrece el crimen a los que se someten a sus dictados llegan a convertirse en una especie de mal mayor con metástasis expansivas. Es lo que, en distintos sentidos y formas, hemos venido viendo crecer entre nosotros, sin que se hayan aplicado remedios de impacto profundo al respecto. Las medidas paliativas lo que hacen, en casos como éste, es darle más impulsos al mal que supuestamente se busca combatir.

Es claro que lo primero que las organizaciones criminales tratan de infiltrar son los entes encargados de la lucha antidelincuencial, como son la Policía Nacional Civil, la Fiscalía General de la República y las estructuras judiciales, porque con ellos tienen que vérseles a diario en el terreno; pero cuando la situación ha llegado a los límites en que está la que impera en el país el objetivo de infiltración es la institucionalidad en todas sus expresiones concretas. Esto hace que el riesgo sea generalizado, con las consecuencias de desestabilización que son de prever. Así las cosas, no es admisible dejar ningún cabo suelto en el empeño de salvaguardar el orden establecido, que podría llegar a quebrantarse definitivamente si no se toman las providencias del caso en forma oportuna.

Nuestras estructuras institucionales siempre han sido muy poco consistentes, y su vulnerabilidad se hace más sensible cuando la organización del crimen ha alcanzado los niveles de sofisticación que hoy la caracterizan. La vulnerabilidad aludida presenta distintas zonas de riesgo, que están más expuestas en razón de que ha venido decreciendo la consistencia en el ejercicio de las funciones públicas. Para el caso, el hecho de que el cuerpo orgánico de la institucionalidad esté tan invadido por el llamado clientelismo político de turno es un factor de gran negatividad, al que desde luego no se le presta la debida atención porque está directamente vinculado con los intereses del poder en funciones.

Para que el crimen, en cualquiera de sus modalidades o matices, ya no pueda seguir haciendo de las suyas dentro del entramado de las instituciones hay que comenzar por dar el ejemplo desde los niveles más elevados. Se viene avanzando trabajosamente en lo tocante a la transparencia y en lo que se refiere a la lucha contra la corrupción, pero es claro que sólo estamos al comienzo de lo que tendría que llegar a ser un estado de plena confiabilidad en el funcionamiento de los entes públicos y de quienes están al frente de ellos. Porque en realidad no sólo se trata de que no haya infiltración delincuencial sino de que no se produzcan ni se reproduzcan desde adentro las conductas delictivas.

La sanidad institucional nunca puede darse por sentada, ya que toda clase de virus agresores andan sueltos por el ambiente. Es indispensable que la institucionalidad se vuelva protectora de sí misma en el más virtuoso sentido del término.

Tags:

  • crimen organizado
  • institucionalidad
  • infiltracion
  • clientelismo

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