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Es vital para que el país entre en una verdadera ruta de progreso que se activen todas las energías nacionales en forma constructiva e integrada

La sentencia de la Sala correspondiente que hace poco declaró inconstitucional el Presupuesto de 2017 tendría que ser un argumento irrebatible para que el Presupuesto de 2018 nazca debidamente financiado y equilibrado. Si se repite la mala experiencia eso sería una muestra patente de la vergonzosa inmadurez de quienes tienen que tomar las grandes decisiones de país.
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Uno de los reclamos más urgentes que les está poniendo la realidad a las diversos sectores, fuerzas y grupos que se mueven en el escenario colectivo es el que se refiere a unir esfuerzos para encarar con posibilidades de éxito los agudos problemas que nos aquejan y que siguen pendientes de soluciones que sean realmente tales. El hecho reiterado de que no haya entendimientos políticos que habiliten tratamientos suficientes y eficaces de la problemática en cuestión constituye sin duda la peor retranca en el proceso de la evolución nacional. Y en la Asamblea Legislativa, que es el espacio más visible de la interacción política, tal situación se manifiesta en forma constante y dramática.

Ahora mismo estamos a unas pocas semanas de que se presente el proyecto de Presupuesto General del Estado correspondiente al año 2018, y lo que se ve venir, si no hay giros reconstructores de la rutina imperante al respecto, es el mismo forcejeo, las mismas posiciones atrincheradas y el mismo resultado insatisfactorio. La sentencia de la Sala correspondiente que hace poco declaró inconstitucional el Presupuesto de 2017 tendría que ser un argumento irrebatible para que el Presupuesto de 2018 nazca debidamente financiado y equilibrado. Si se repite la mala experiencia eso sería una muestra patente de la vergonzosa inmadurez de quienes tienen que tomar las grandes decisiones de país. Hacemos votos para que eso no ocurra.

Lo recomendable y esperable en lo que se refiere al manejo de la cosa pública, que en definitiva constituye responsabilidad de todos y así tendrían todos que reconocerlo y asumirlo todos, es que haya sin más tardanza un propósito concertado para encarar nuestros grandes problemas, dentro de una metodología y una agenda que hagan posible eso que se viene considerando como “cambio de rumbo” hacia la eficiencia y la sostenibilidad. Dicho propósito tendría que tener en su base un concepto clave: responsabilidad. Nunca fue viable, y cada día lo es menos, que el manejo de los asuntos nacionales esté regido por la improvisación interesada y por los sesgos y deformaciones que trae consigo el empecinamiento ideológico. Eso va desactivando los motores del progreso y deja al país en una especie de empantanamiento creciente, que es lo que tenemos a la vista.

Es hora más que sobrada de hacer un replanteamiento serio de nación, que permita ordenar los mecanismos funcionales y replantearse las metas del futuro que queremos y que necesitamos. Esto pasa inevitablemente por reciclar actitudes y por definir procedimientos. Si continuamos en este limbo que cada vez se parece más al caos no sólo el país continuará estancado y desanimado sino que se irán perdiendo oportunidades que hoy más que nunca están a nuestra disposición dentro de la lógica aperturista del acontecer globalizante.

Para que haya apertura hacia afuera tiene que haber apertura hacia adentro, y eso lo queremos subrayar de manera inequívocamente visible, porque si un lujo falso no puede darse el país es el de seguir navegando sin brújula y avanzando sin horizonte.

Todos los signos apuntan a que este es un momento crucial, en el que, según lo que se haga o se deje de hacer, se están jugando tanto el presente como el futuro del proceso nacional y de los salvadoreños en conjunto. Nadie puede ser ajeno, entonces, a esta decisiva prueba histórica.
 

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  • presupuesto 2017
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