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Esas fotografías se agradan, porque, talvez, ya escampó

Unas fotografías publicadas en este diario me provocaron un brinco instintivo. Esas fotografías me gustaron. Me prueban que el país no está esclerotizado. Me dicen que talvez ya aguantamos lo suficiente hasta que escampara. Cada una de esas fotografías las miré como un esfuerzo épico que puede evitar, y nos aleja, de un destino decidido por los puñetazos, las grescas, los agarrones y los escupitajos.
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Con un buen despliegue en sus páginas, este diario publicó unas fotografías realizadas, en la ciudad de Washington, en las que se mira a un grupo de líderes empresariales. Todos salen de oficinas de senadores y otros funcionarios estadounidenses, acompañados de representantes del gobierno de Mauricio Funes. Todos ríen, charlan, comentan.

Las fotos son refrescantes. Representan unión. Significan búsqueda de destinos comunes, tolerancia y hasta representan las batallas por una sola marca: el país. Sé que las fotografías representaron lo mismo, para muchos otros, luego de mucho tiempo que no veíamos un esfuerzo colectivo de ese calibre.

Por cualesquiera que sean las razones, desde hace algunos años lo único que miramos, y escuchamos, en el país, son rebatiñas y muleteos entre la empresa privada y el gobierno. Rápidamente llenamos de osteoporosis unas relaciones que se quebraban con tanta facilidad que parecía que el único destino que tendríamos sería una desdichada desunión.

El gobierno siempre dijo que el problema con los empresarios es que no querían dejar de ver al Estado como un portaaviones para los mejores favores, ni querían pagar impuestos adicionales, o participar en esfuerzos productivos que permitieran redistribuir. Los empresarios, por su lado, no querían una fe única con el gobierno tras acusar, a sus principales funcionarios, de despilfarrar dineros públicos o de manejar una nave a la deriva.

Talvez el mayor error es que, a ambas partes, se les olvidó, por mucho tiempo, que sin caminos homogéneos y sin entendimientos básicos, un país no sale de sus problemas.

No hay buena producción, ni generación de riqueza, y ni siquiera acertada redistribución, sin buenas políticas públicas construidas por el gobierno, y sin el riesgo y el esfuerzo productivo de la empresa privada, por eso es que esas fotografías representan una buena noticia. Ese es precisamente el único camino: hablar, entenderse, caminar juntos, gobierno y empresa privada.

Parte de los problemas nacen porque muchas veces confundimos entre las libertades propias de la democracia y las propias del capitalismo. Cuando eso pasa, los gobiernos y la empresa privada jamás se entienden. Hablan un idioma diferente. Y en buena parte, eso ha ocurrido en el país.

Guardo en mi memoria una frase que pronunció de Lula da Silva, el exgobernante de un país sitiado ahora por las muchedumbres, que siempre me gustó: “Los ricos nunca ganaron tanto dinero, pero los pobres nunca estuvieron mejor”.

Esa genial frase de Lula refleja un clima ideal: el problema no es que los ricos ganen mucho dinero. Lo que hay que conseguir es que esos ricos ganen pero que los pobres también salgan de sus miserias.

Quizá por eso es que Lula comenzó a viajar, por todo el mundo, con su avión atiborrado de empresarios. Él era un hacedor de política y de fines públicos. Los empresarios se bajaban del avión a vender productos brasileños y, con eso, ayudaban a los pobres brasileños a salir de su condición.

Entonces, lo normal es que gobernantes, políticos y empresarios se junten. Lo anormal es que no lo hagan. Lo normal es que sea la razón la que gobierne las relaciones entre funcionarios y empresarios. No el poder que representa cada uno de ellos. Si las relaciones se basan en el poder, entonces es la democracia la que acaba haciendo concesiones que nadie quiere.

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  • Gobierno
  • empresa privada
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