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Escepticismo y esperanza

La “tregua” entre pandillas me sigue pareciendo sospechosa y creo realmente que el Gobierno no nos ha dicho cuál ha sido todo su papel, más allá de la “facilitación” reconocida.
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Pero, para ser imparciales y justos, hay que reconocer el efecto positivo, la reducción de homicidios desde marzo del año pasado. Según las autoridades, las vidas que se han salvado son las de los mismos pandilleros, pues achacaban la alta tasa de homicidios a la guerra entre las dos principales organizaciones criminales.

La “tregua” se ha mantenido, impulsada oficialmente por la mediación de la Iglesia católica a través del obispo castrense, monseñor Fabio Colindres, y el excomandante guerrillero Raúl Mijango.

El viernes vimos otra faceta de este proceso. Tres municipios gobernados por ARENA (Ilopango, Quezaltepeque y Sonsonate) y uno por el FMLN (Santa Tecla) anunciaron que estarán “libres de violencia”. Esto es lo que en la jerga de los mediadores es “la segunda fase”: municipios “santuario”.

Horas después, ayer sábado, miembros de pandillas (reos de diferentes cárceles) fueron trasladados al centro penal La Esperanza (Mariona) para manifestar que veían “con beneplácito” a esos cuatro municipios en los que podrán moverse libremente sin temor a ser detenidos.

Eso sí, dijeron que las extorsiones no reducirán. Y aquí llegamos al punto donde vuelve a surgir –con mucha fuerza– el escepticismo. Tiene sentido alegrarse cuando los pandilleros dejan de matarse entre ellos, pero, ¿qué pasa con las víctimas entre los ciudadanos comunes y corrientes?

¡Qué bueno, ya no somos el país más violento! Pero la criminalidad organizada, con total descaro, nos dice que seguirán exigiendo dinero a los más humildes a cambio de no quitarles la vida.

El viernes entrevisté a Óscar Ortiz, alcalde de Santa Tecla, y le pregunté por qué involucrar a una institución del Estado, la municipalidad, en un proceso en el que el Gobierno actual ha sido tajante en decir que solo acompaña (insisto, tengo mis dudas).

Su respuesta fue contundente: “Estamos mandando un mensaje claro a nuestros líderes municipales: no se puede pasar de lejos ni con indiferencia un tema que nos golpea a todos”. Para Ortiz, “el proceso” actual es el abordaje más innovador en los últimos 15 años para reducir la violencia de las pandillas. Y ha dado resultado. Para las pandillas ha significado menos sangre. En algunas zonas hay más tranquilidad. Lo malo es lo que ayer escuchamos: las extorsiones no pararán.

Cuando se les pregunta a los pandilleros por qué, contestan que porque tienen que mantener a sus familias. Aquí encontramos otro flanco débil de la “tregua”. ¿Cómo se podrá convencer a grupos criminales de dejar la lucrativa extorsión? ¿Con planes asistenciales de $100 mensuales? ¿Hornos para pan y talleres vocacionales para quienes obtienen millones de dólares a escala nacional por no cumplir sus amenazas de muerte?

Y, sin embargo, “el proceso” sigue. Entre los que estaban anunciando los municipios santuario estaba Antonio Cabrales, un expresidente de FUSADES que resulta que el martes anunciará la formación de la Fundación Humanitaria, dedicada a “atender humanitariamente la situación carcelaria y también ir a la fuente de la violencia desde una acción coordinada en las comunidades”.

El proyecto surgió a instancias del nuncio apostólico, Luigi Pezzuto.

En esto, hay que reconocer, hay mucha esperanza. Sinceramente, espero que el escepticismo no nos gane.

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