Esclavo del amor

He aquí las dos maravillas del Señor, la maravilla de la creación y la maravilla de la redención, de la re-creación. ¿Cómo recibo yo estas maravillas?
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Rutilio Silvestri / rsilvestrir@gmail.com  /  Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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En una de sus homilías el papa Francisco subrayó que el cristiano es “esclavo” del amor, no del deber, e invitó a los fieles a no esconderse en la “rigidez” de los Mandamientos.

“¡Eres tan grande, Señor!”

Dios ha creado el mundo para compartir su plenitud para tener a quien dar y con quien compartir su Amor, su plenitud. Y en la re-creación –la redención– Dios envía a su Hijo para re-ordenar todas las cosas: lo malo lo hace bueno, lo feo lo hace bello...

Cuando Jesús dijo: “El Padre siempre actúa; también yo actúo siempre”, los Doctores de la Ley se escandalizaron y querían matarlo por esto: ¡Porque no sabían recibir las cosas de Dios como don! Solo como obligación: es decir, los Mandamientos.

En lugar de abrir el corazón al don, se han escondido, han buscado refugio en la rigidez de los Mandamientos, que ellos habían multiplicado hasta 500 o más... No sabían recibir el don. Y el don solo se recibe con la libertad. Estas personas rígidas tenían miedo de la libertad que Dios nos da; tenían miedo del Amor.

En el Evangelio está escrito que “querían matar a Jesús”. Por esto, porque ha dicho que el Padre ha hecho esta maravilla como regalo: ¡Recibir el don del Padre!

Y por esto hoy debemos alabar al Padre: ¡Eres grande, Señor! Te amo tanto, porque me has dado este regalo. Me has salvado, me has creado. ¡Y esta es la alegría de la vida cristiana!

Y no aquella oración cerrada, triste de la persona que jamás sabe recibir un don porque tiene miedo de la libertad, que siempre lleva consigo ese don. Solo sabe hacer el deber, pero el deber seco. Son esclavos del deber, pero no del Amor. Cuando tú te vuelves esclavo del Amor, ¡eres libre! ¡Es una bella esclavitud aquella!

Pero los Doctores de la Ley no entendían esto.

He aquí las dos maravillas del Señor, la maravilla de la creación y la maravilla de la redención, de la re-creación.

¿Cómo recibo yo estas maravillas? ¿Cómo recibo yo esto que Dios me ha regalado –la creación– como un don? Y si lo recibo como un don, amo la creación, custodio la creación, ¡porque ha sido un regalo!

¿Cómo recibo yo la redención, el perdón que Dios me ha dado, el hacerme hijo con su Hijo, con amor, con ternura, con libertad o me escondo en la rigidez de los Mandamientos cerrados, como obligaciones que hay que cumplir, pero que no nos dan alegría, porque no los cumplimos con alegría?

Cada uno puede preguntarse cómo vive estas dos maravillas, la maravilla de la creación y la maravilla de la re-creación.

Que el Señor nos haga comprender estas cosas grandes y nos haga comprender lo que Él hacía antes de crear el mundo: ¡Amaba! Que nos haga comprender su amor por nosotros y que nosotros podamos decir: ¡Eres tan grande, Señor! ¡Gracias, Señor, gracias!

Pidamos al Señor, poniendo como intercesora a Santa María, Su Madre y Nuestra Madre, para aprender a amar como Él amó y como Ella amó. Amor que nos tiene que llevar a apreciar y cuidar todo lo que viene de Dios: nuestra existencia, nuestra vida y la naturaleza toda.

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