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Escuela no es solo infraestructura

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Ricardo Bracamonte

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Si van a mejorar la educación, háganlo en serio.

Qué bueno que la efervescencia electoral ha empujado a los políticos a proponer mejoras en la infraestructura de la escuela pública; pero eso no es suficiente.

Porque no estamos construyendo edificios. Estamos construyendo escuelas. Una escuela nueva, grande, recién bien pintada, con techo y piso seguros, con agua potable, letrinas aseadas, con una o dos canchas deportivas, atrae más estudiantes, requiere, por tanto, más personal docente, material didáctico adecuado y oportuno, talleres de diferentes especialidades, mayor relación con los padres de familia y con las instituciones cercanas. Requiere de un mantenimiento constante de las nuevas instalaciones y una organización idónea del centro escolar. Es decir, escuela no es solo el edificio.

Emilio Blanco Bosco en su libro Los límites de la escuela. Educación, desigualdad y aprendizajes en México, luego de una profunda investigación publicada en 2011 por el Centro de Estudios Sociológicos, del Colegio de México, nos ofrece una conclusión, válida para todos los países de América Latina: "Para que las escuelas puedan hacer su trabajo, antes de pensar en grandes reformas institucionales, se necesita garantizar una equidad mínima de oportunidades", por ejemplo, a. desaparecer las desigualdades históricas en la distribución de materiales del sistema educativo, b. superar los problemas de infraestructura y c. alcanzar la estabilidad de los docentes.

Claro que es urgente mejorar la infraestructura, porque, como el autor señala, "una infraestructura deteriorada menoscaba la autoestima del docente y refuerza la tendencia a construir bajas expectativas de aprendizaje" y para los estudiantes "la distancia entre la infraestructura ideal y la real desfavorable viene a confirmar un recuerdo permanente del lugar socialmente legitimado al que están destinados" a soportar. Datos recientes del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, de El Salvador, nos recuerdan que, de las casi 5,200 escuelas públicas, hay 3,300 en condiciones menores a lo mínimo requerido, incluso, en riesgo de deslizamiento e inundación. De esas, solo alrededor de 550 cuentan con aulas de informática. Para agravar, más del 40 % opera en terrenos que no son de esa cartera de Estado. En 2015, se habló de construir "Complejos Educativos Integrales" (de Parvularia a Bachillerato); pero esa idea no prosperó.

Claro que es urgente la estabilidad de los docentes en cuanto a sus condiciones socio-económicas, su capacidad, su permanencia más tiempo con los estudiantes. Que la distribución de los docentes sea equitativa en todo el país, reducir la pérdida de tiempo en las clases y velar por la calidad de lo que el estudiante aprende. Blanco Bosco cuenta, incluso, que en México (en El Salvador, no) los maestros califican de "escuelas indeseables" aquellas más alejadas de los centros urbanos.

Claro que es urgente una inmediata y justa distribución de materiales de sistema educativo en todos los centros escolares del país.

Pero, dice Blanco Bosco, estos factores, por sí mismos, no son significativos, sino que depende de cómo sean utilizados por las escuelas mismas; es decir, que una buena infraestructura, abastecimiento oportuno de material educativo y estabilidad de los docentes no son suficientes para alcanzar una educación pública de calidad; se requiere que todo el sistema educativo se ponga en función.

Tags:

  • escuela
  • infraestructura
  • docentes

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