Españoles a la pesca

Más de un lector se preguntará ¿a quién le importa lo que hagan estos señores? Quizás en las Américas y en general, no a muchos, pero es bueno saberlo y así ver cómo son las cosas de la política exterior de los españoles.
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José Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente de España, se entrevistó hace poco con Raúl Castro en La Habana y se anuncia que lo hará en estos días con Evo Morales en La Paz. Viaja por este continente en compañía de Miguel Angel Moratinos, quien fue su canciller.

Más de un lector se preguntará ¿a quién le importa lo que hagan estos señores? Quizás en las Américas y en general, no a muchos, pero es bueno saberlo y así ver cómo son las cosas de la política exterior de los españoles.

En España, en cambio, fue noticia de primera plana. El gobierno se enojó porque no dio aviso de lo que iba a hacer. El País de Madrid le dedicó su principal editorial y calificó como de “torpezas” los pasos dados por Rodríguez y Moratinos. En los hechos, dejó pegado al gobierno y en particular al actual ministro de Exteriores español, José María García-Margallo, a quien Castro no le concedió una entrevista hace muy poco.

Lo de los Castro es increíble, los hacen “hocicar” a todos. Y viva la cara de ellos; el papelón es de los de las genuflexiones.

En julio pasado ambos, Zapatero y Moratinos, visitaron a un viejo amigo: al dictador, desde 1979, de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Basogo, el también papá de Teodorín, hombre con mucho dinero pero muy perseguido tanto por la justicia de EUA como por la de Francia. Estas visitas las haría Zapatero en su condición de presidente de Honor del Comité de la ONU para la abolición de la Pena de Muerte (la ONU da para todo y a todos les reserva algún carguito).

¿Será que Raúl y Fidel, Evo y Teodoro, son figuras claves para la abolición universal de la pena de muerte? ¿Cuáles son los antecedentes en la materia de esos buenos muchachos?

Se informa –El País– que en realidad Rodríguez Zapatero está de lobista. Para hacer negocios, que le dicen, o para facilitarle negocios por estos lares a las empresas españolas, valiéndose de las buenas relaciones que cultivó durante su mandato (que bien caro le salió a España, dicho sea al paso).

En esos estaría, entonces, en competencia o siguiendo los pasos de tantos españoles –académicos, abogados, juristas, jueces, expertos en imagen y expresidentes– que se han venido ultimadamente por las Américas a hacerse la América y que han tenido una muy especial acogida por parte de gobierno progresistas y neopopulistas –como asesores en temas varios (constitución, justicia, imagen, comunicaciones digitales)–, y también, en casos, por organizaciones y grupos de derecha y grandes multimillonarios que recurren a consejeros y conferencistas venidos o traídos de la península.

Zapatero estaría trabajando en dupla con Moratinos, “que desde hace años trabaja como comisionista de empresas españolas” en diferentes países y que ha abierto un consultoría en Madrid a esos efectos –según se dice en El País– aprovechando sus contactos forjados durante sus años de ministro.

¿Y cómo logró esos buenos contactos Moratinos? Por ejemplo, fue un defensor decidido del régimen bolivariano y sus arremetidas como el caso de Honduras (mucho más amigo que la gente de Podemos, el amenazante y novel partido político español) y a Chávez lo calificó como el presidente más democrático de toda América Latina. También trabajó denodadamente para que la UE levantara las sanciones a Cuba y de Teodoro Obiang, además de quererlo incluir en el grupo de las “Cumbres Iberoamericanas”, decía que es el constructor de la “democracia” con parámetros africanos. Incluso llegó a molestarse mucho con periodistas y prensa española que calificaban de dictadura al régimen de Obiang.

Y Zapatero era el jefe, y ese seguramente es el mérito que se lo reconoce. Porque, no será por la visión económica de quien, siendo presidente, allá por fines de la década anterior sostenía frívolamente que la banca española era la más saneada del mundo y de la crisis decía que “no es más que una leve desaceleración económica”.

En fin, son todos datos que es bueno tener en cuenta cuando, por un lado, se analiza la política exterior española y, por el otro, para medir la calidad del trabajo de tanto experto español que hoy viene a golpear las puertas “sudacas”.

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