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Esperando el verdadero arranque del turismo

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La configuración del rostro turístico de El Salvador inició de forma espontánea hace muchos años, luego fueron los primeros ministros de Turismo quienes crearon e implementaron el concepto de una Marca país, ventajas para la inversión y la tarea de lanzar al mundo una oferta más organizada, dando un paso firme y efectivo en la construcción de un país mejor.

Es necesario encontrar un interés común que nos acerque a lo más elemental de la unidad nacional, sabemos que lograrlo no es cuestión de corto plazo, más aún cuando nuestros ánimos para ello permanecen adormecidos por los paradigmas del subdesarrollo y políticas gubernamentales erróneas, que ahuyentan cualquier esfuerzo de inversión.

El turismo es un universo amplio y bondadoso que cobija a todos los sectores de la población sin discriminación, apuesta para un crecimiento sostenido, oportunidad para cambiar nuestra visión de país y despojarnos de complejos y resentimientos que entorpecen nuestra creatividad, valor indispensable en una nación libre.

Si analizamos nuestra actitud al convertirnos en visitantes de nuestro propio país, veremos de inmediato cómo por unas horas o días olvidamos nuestras diferencias y nos volvemos seres neutrales, sin importarnos si el propietario, el mesero o el guardián fue algún día guerrillero, político o un firme anticomunista.

La experiencia de hacer turismo interno debemos hacerla constructiva, nuestros ojos ven el verdadero rostro de El Salvador; me atrevo a asegurar que el descubrimiento y experiencia de convivir con los recursos naturales y humanos que poseemos incrementa de forma acelerada la demanda y despierta el interés por conocernos más. Esta oportunidad para inmiscuirnos en un nuevo ambiente de unidad requiere una visión moderna en políticas económicas, que permitan a nuestros compatriotas tener el poder adquisitivo para disfrutarlo y generar comercio de forma sostenible, sin engaños.

Fundir los esfuerzos de la empresa privada con el Estado requiere instituciones de Gobierno ágiles y transparentes, requiere de incentivos y facilidades que generen una economía pujante, productora de empleos en todos los sectores y no únicamente en la diversión y recreación. El turismo en orfandad es desordenado e insuficiente.

Los ingredientes del desarrollo turístico que forman parte de la oportunidad son nuestra historia, el nacionalismo y la cultura. Con políticas socialistas censurando estos valores que nos identifica, el camino del desarrollo turístico será una fantasía de pocos y engaño para muchos.

Es una realidad que el inventario actual de la oferta, comparada a dos décadas atrás, es impresionante, esto a pesar de haberse dado dentro de un marco sin mayores ventajas. Este cambio posguerra en la faz de nuestro país, producto de iniciativas privadas a través de medianos y pequeños empresarios, es aún la base latente para emprender una verdadera carrera hacia el desarrollo turístico nacional.

No hay que ignorar que a pesar de las dificultades económicas, ha existido un esfuerzo espontáneo por aprovechar la dotación de recursos tan variados, dentro de un territorio geográficamente limitado. No dudo que un nuevo rumbo en políticas económicas inyectaría el vigor y confianza necesaria para un arranque significativo en que los inversionistas a cualquier escala acelerarán el ritmo y nos quitarán la impresión que las acciones del Ministerio de Turismo van más allá de nuestra capacidad de respuesta.

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