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Esta época presenta signos característicos muy propios, y la primera tarea consiste en reconocer dichos signos y en descifrarlos

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David Escobar Galindo

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Lo que resalta en la coyuntura actual son tres notas muy relevantes: la difuminación de fronteras tradicionales en todos los órdenes de la vida, el surgimiento de lo humano como factor con un énfasis expansivo sin precedentes y la puesta en cuestión de las ideologías tradicionales, que ya dieron de sí.

La difuminación progresiva de las fronteras tradicionales es algo que fue surgiendo al ritmo de la globalización, y que hasta el momento en que empezó a hacerse sentir fue reconocible como algo que estaba aquí, en un ejercicio de comunicación que no anticiparon ni los más sagaces analistas. Y esto no sólo se da en el mapamundi geográfico sino también en el mapamundi político-social y en el mapamundi cultural y espiritual. Como efecto directo de la dinámica globalizadora, estamos ante un hecho de historicidad emergente, que se extiende por todos los espacios donde lo humano se mueve.

El surgimiento de lo humano como factor decisivo en la nueva realidad movida por el fenómeno global trae consigo vibraciones y proyecciones que definen un panorama existencial que nunca se había hecho presente como ahora. Esto hace que los individuos se vayan volviendo cada vez más visibles como sujetos de destino, con derechos y obligaciones que se imponen con creciente vigor e incidencia. Se trata de una sintomática expresión de los tiempos, que tienen como nunca antes el propósito de ir en busca de los valores esenciales para reponerlos en el puesto que les corresponde, e ir llenando así el vacío que existe al respecto.

Las ideologías tradicionales, que durante una gran parte del siglo XX estuvieron marcadas por los sellos del capitalismo y del socialismo, se encuentran en estos días viviendo una especie de deshoje incontenible. Eso he derivado es un replanteamiento de los esquemas de poder político, abriéndole espacio precisamente a la normalización del poder como factor posibilitante de progreso. Tal replanteamiento acarrea, como es natural, otras conflictividades, pero ya no producto de la petrificación anterior sino de la volatilidad de los manejos actuales. Vamos en otra vía, sin ninguna duda, lo cual debe ser acogido como indicio prometedor.

Lo que resulta incuestionable a estas alturas del avance de esta nueva fase histórica que se instala cada día más en el terreno mundial es que nos hallamos ante un cúmulo de desafíos que presentan condiciones muy diferentes a lo que se venía teniendo. Al respecto, vamos de sorpresa en sorpresa, y casi todas ellas son altamente demandantes, no sólo de atención sino de racionalidad. En estos días, los absurdos de la política ya no se pueden ocultar y hay cada vez menos gente que quiera hacerlo. E igual pasa con los absurdos de cualquier otra índole. Es evidente que nos asomamos a un nuevo estilo de vida global.

Las inquietudes y las ansiedades nunca dejarán de estar presentes, porque son parte del vivir en cualquier momento y latitud; pero lo más característico de lo que hoy ocurre es la apertura sin límites, que se ha vuelto la nota distintiva de esta hora del tiempo. Hermanémonos, pues, con ese reloj puntual y aventurero, pues en esa animadora compañía nos será factible organizar el presente y reavivar el futuro.

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