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¿Esta vez es diferente?

La Fiscalía General de la República, liderada por Douglas Meléndez, ha monopolizado las portadas de los periódicos y las redes sociales en las últimas semanas.
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La FGR no se ha caracterizado exactamente por perseguir “peces gordos” ni investigar a fondo los casos de corrupción en El Salvador. Los últimos allanamientos relacionados con el expresidente Mauricio Funes y las detenciones del exfiscal Martínez y el empresario Enrique Rais nos cayeron de sorpresa a todos, acostumbrados a la impunidad como norma y no como excepción.

Como pudimos presenciar con el caso Flores-Taiwán existen dos tipos de juicios: el primero es el mediático y de imagen, ese que construye la voz popular con la información que tenemos disponible en los medios. En muchas ocasiones este se gana o se pierde antes que se abra un juicio formal. El segundo es el legal, el que determina con base en pruebas y un proceso judicial la inocencia o culpabilidad del acusado.

Así como Flores, Funes ya perdió el primero. Pero una cosa hay que tener clara, y es que el hecho que exista una investigación no convierte automáticamente en culpables a los investigados. Por más indicios de corrupción que podamos inferir por la vida de excesos y lujos de Mauricio Funes, él y el resto de acusados siguen siendo inocentes hasta no ser vencidos en juicio.

Algo que preocupa es la reacción de algunos miembros del partido oficial, quienes han intentado desprestigiar las acciones de la Fiscalía aludiendo que siguen agendas partidarias. Al igual que como lo han hecho en el pasado con resoluciones de la Sala de lo Constitucional, parece que los partidos políticos solo consideran legítimas las decisiones y acciones de la FGR y la sala si se alinean a sus intereses. Esto es peligrosísimo y solo demuestra la importancia de fundamentar y construir muy bien las investigaciones que se han abierto recientemente.

Por eso llama mucho la atención la forma de gestionar estos casos por parte de la FGR. Un busto de sí mismo me dice más sobre los aires de grandeza y egocentrismo de Mauricio Funes que sobre su culpabilidad en los 5 delitos de corrupción de los cuales se le acusa. Muchas fotografías de artículos personales, a mi parecer irrelevantes por sí solas como pruebas de enriquecimiento ilícito, parecen ser publicadas con ánimos de vender morbo.

Más que tuits, más que giras de entrevistas y declaraciones en los medios, lo que queremos es justicia. De poco va a servir que la FGR tenga el monopolio de la investigación y que se construya un caso, si por una novatada se descuida el debido proceso y todo esto no termina siendo más que el show que se ha construido hasta el momento.

Si hay algo que queremos que se cumpla es lo que prometió el mismo Funes en su campaña: que se acabe el tiempo “donde la cárcel era solo para los ladrones de gallinas”. Queremos que casos emblemáticos como este sirvan de disuasivo para quienes tienen alguna aspiración a llegar al poder para aprovecharse de los recursos públicos, y que quienes actualmente ostentan algún cargo público sepan que serán perseguidos si cometen actos de corrupción. Quizá es mucho pedir, pero ojalá esta vez sí sea diferente. Es lo menos que debemos exigir.

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