Lo más visto

Estamos a un año para que empiecen a aparecer las candidaturas presidenciales y los partidos tendrían que estar ya trabajando al respecto

Para el caso, todos los partidos, y en particular los dos partidos más fuertes, uno de derecha y otro de izquierda, tienen la misión histórica de configurarse como fuerzas de plena coherencia y de permanente sentido de responsabilidad. La competencia democrática no es un juego a la ligera: hay que asumirla como un compromiso serio y consistente.
Enlace copiado
Enlace copiado
Los tiempos políticos llevan siempre una velocidad que es o al menos parece ser más intensa que la de los tiempos del diario vivir. Tal velocidad está marcada por los plazos cortos que caracterizan al calendario del quehacer político, que contiene períodos de gestión definidos por la ley y mecanismos de definición sobre quiénes accederán a las posiciones de poder en cada momento según lo vaya decidiendo la voluntad popular en las urnas. Todo esto establece un orden, que es indispensable para mantener la buena marcha del sistema, pero al mismo tiempo tiende a distorsionar el manejo de los problemas concretos, sobre todo aquellos que están más arraigados en la realidad nacional y cuyos tratamientos generalmente requieren tiempos de largo alcance, que traspasan los rígidos plazos políticos.

Pese a que los días van pasando con gran rapidez, lo cual se percibe aún más en las áreas de la gestión partidaria y del quehacer gubernamental, todavía no se perciben señales de que en la interioridad de los partidos se estén moviendo núcleos de análisis de cara al reto que cada organización tiene en función de presentar candidaturas presidenciales verdaderamente viables, tanto para hacer buen papel en las urnas como para asegurar buena gestión ya en el cargo. Y lo primero que tendría que tomarse en cuenta, independientemente del partido que sea, son las exigencias y las posibilidades que se dan en la realidad.

En el país el esquema partidario muestra una estabilidad de base que tendría que ser tomada en cuenta siempre para generar, a partir de ella, impulsos de modernización que vayan acordes con la dinámica del proceso. Para el caso, todos los partidos, y en particular los dos partidos más fuertes, uno de derecha y otro de izquierda, tienen la misión histórica de configurarse como fuerzas de plena coherencia y de permanente sentido de responsabilidad. La competencia democrática no es un juego a la ligera: hay que asumirla como un compromiso serio y consistente. Para el caso, el hecho de buscar candidatos teniendo en cuenta sólo la popularidad circunstancial de los mismos, sin fijarse en sus auténticas credenciales humanas y de experiencia, es una apuesta en el vacío, que trae consigo altos riesgos cuyas consecuencias ya se han vivido en el ambiente; y esto se da independientemente de las ideologías.

Los partidos, y sobre todo sus estructuras de dirección, tienen que salir de todo enclaustramiento obsoleto, para entrar en la ruta de la autorrenovación que la misma dinámica democratizadora general les está demandando. Y en tal sentido tienen que empezar a producir sus ofertas de candidaturas ya no por simple sumisión a las circunstancias del momento, sino en clave de producción de reales y actualizados liderazgos internos. En este plano es también muy determinante dejar atrás tanto el estancamiento como la improvisación.

De seguro la próxima campaña presidencial será especialmente reñida, porque las condiciones de la realidad así lo anuncian; y en esa atmósfera previsible es más imperativo que nunca jugar con cartas realmente fuertes y acopladas a las características de la coyuntura. Los partidos están ante un autodesafío que, de ser asumido en serio, podría hacer cambiar muchas cosas en el país.

Tags:

  • partidos
  • derecha
  • izquierda
  • responsabilidad
  • democracia
  • improvisacion

Lee también

Comentarios