Estamos de nuevo en emergencia por la actividad sísmica que afecta al área del Gran San Salvador

Todos tenemos que estar preparados siempre para enfrentar situaciones de alto riesgo en el orden natural, porque justamente nuestro país se halla ubicado en zona muy precaria, en la que cualquier cosa puede pasar. Estamos expuestos desde siempre a peligros de toda índole, y eso tendría que haber generado una cultura nacional de prevención y de atención permanente y de amplio alcance.
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Desde el pasado domingo se activó un enjambre sísmico que tiene su centro en Antiguo Cuscatlán, y cuyas irradiaciones abarcan la zona metropolitana del país. Eso, como es natural, ha generado grandes inquietudes y ansiedades en la población, porque venimos de experiencias muy traumáticas y dolorosas, como las que se dieron durante los terremotos más recientes, en los años 1986 y 2001, que dejaron innumerables pérdidas y calamidades, tanto humanas como materiales. Los enjambres sísmicos son cosa común en el ambiente, pero esta vez la alarma es mayor porque se da en el corazón del país, y precisamente en una época del año destinada al esparcimiento y al recogimiento.

Todos tenemos que estar preparados siempre para enfrentar situaciones de alto riesgo en el orden natural, porque justamente nuestro país se halla ubicado en zona muy precaria, en la que cualquier cosa puede pasar. Estamos expuestos desde siempre a peligros de toda índole, y eso tendría que haber generado una cultura nacional de prevención y de atención permanente y de amplio alcance. Desafortunadamente no ha sido así, y en este ámbito como en muchos otros vivimos expuestos a lo inevitable sin contar con los mecanismos de defensa que son propios en situaciones calamitosas.

Cuando vienen las emergencias, sean cuales fueren las consecuencias que haya que afrontar de resultas de las mismas, la población debe mantener reacciones disciplinadas en la medida de lo posible, porque en definitiva el propósito ha de ser superar las pruebas y seguir adelante como hemos hecho siempre, independientemente de lo que suceda. En todo caso, tales emergencias tendrían que propiciar esa cultura de prevención y de atención que mencionamos en el párrafo anterior, para no estar doblando página cada vez como si nada hubiera pasado. La prevención y la atención no se pueden dejar nunca de lado, y mucho menos cuando hay constancia reiterada de que los peligros nunca dejarán de existir.

Como se puede constatar por lo que sucede actualmente en distintas latitudes, los trastornos naturales se hallan a la orden del día. Es como si la Naturaleza estuviera pasando diversas facturas por las irresponsabilidades acumuladas y crecientes de la humanidad en conjunto. Cuestiones críticas como las resultantes del llamado cambio climático ya no son ocultables de ninguna manera, y aquellos que niegan arrogantemente que dicho cambio climático exista, entre los cuales hay líderes mundiales del más alto nivel, más temprano que tarde tendrán que vérselas con las realidades que los pondrán en evidencia y en ridículo.

Los salvadoreños tenemos que tomar la debida y suficiente conciencia de que múltiples condiciones riesgosas nos exigen tomar en serio nuestra propia realidad. Estemos listos para responder adecuadamente a cualquier cosa que venga, sin perder la calma y a la vez sin dejar de lado las responsabilidades que haya que cumplir. Cada momento trae advertencias y lecciones, y eso hay que tenerlo presente en el día a día.

En estas fechas que se caracterizan por ser proclives al reencuentro con la espiritualidad, pongámonos todos en disposición de hacer lo propio, sean cuales fueren los desafíos que se nos presenten. Tengamos fe en Dios y en nosotros mismos.
 

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