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Estamos en mayo y tanto el clima físico como el clima político se hacen sentir cada día más

Cuando mayo concluya, el invierno y la campaña estarán impregnados de energía. Ya podremos atisbar cómo se nos viene la temporada lluviosa y cuáles serán los contendientes personalizados en el ámbito de la lucha política.
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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Mayo es un mes de transición estacional, porque el largo verano va dejando sus aperos guardados en el desván de siempre y el invierno inminente hace saber que se encuentra ya a las puertas. En estos tiempos, la disciplina climática se ha venido haciendo cada vez más caprichosa, y esto constituye un notorio contraste con lo que se vivía en el pasado. Como una remembranza personal, yo recuerdo que en mis tiempos de infancia el 3 de mayo, Día de la Cruz, había tormenta infaltable por la tarde, así como también la había el 4 de octubre, que era el famoso cordonazo de San Francisco; y en cuanto a los temporales, el de junio y el de septiembre nunca faltaban. Hoy, el invierno se ha vuelto díscolo, igual que el verano. Y en las distintas latitudes se da lo mismo.

En estos días, cuando ya las lluvias se hacen sentir aunque sea con esa indisciplina que está tan en boga, los espacios verdes recobran su ilusión normal de temporada. Yo soy un devoto del jardín, y eso hace que me sienta partícipe animoso de las reacciones entusiastas de los árboles y de las plantas ante las aguas bienvenidas. Es el caso de los helechos que durante meses de sequedad impasible han tenido de sacar fuerzas de flaqueza para no darse por vencidos: hoy reciben el beneficio de la humedad emergente y no es necesario que hablen al estilo humano para darle gracias al Dios natural por la comprensión del auxilio oportuno. ¡Que llueva, que llueva, para que todos nos sintamos envueltos por el ánimo de las nubes que cumplen su misión con alegría entusiasta!

En el plano político, desde el recién pasado marzo se están dando brotes de novedad que se parecen mucho a un cambio de estación. El 4 de marzo, la ciudadanía envió desde las urnas una serie de mensajes que vinieron a estremecer el clima partidario, no sólo por lo que se decidió en esa fecha sino también por las repercusiones inmediatas en la dinámica conducente a la elección siguiente, que será la presidencial del 3 de febrero de 2019. En abril, las elecciones internas en ARENA para definir su candidato presidencial pusieron dicha escogencia en un plano sin precedentes; y ahora mismo, el proceso selectivo del candidato ya se activó en el FMLN y el nuevo partido de Bukele está en proceso acelerado de configuración. Todo hace ver que a partir de mayo la contienda no sólo tomará fuerza sino que abrirá nuevas perspectivas de cara al próximo período. Cuando mayo concluya, el invierno y la campaña estarán impregnados de energía. Ya podremos atisbar cómo se nos viene la temporada lluviosa y cuáles serán los contendientes personalizados en el ámbito de la lucha política.

El país, en términos generales, tiene múltiples cuestiones por resolver, pero a la vez ha venido consolidando, con obstáculos y con resistencias, un escenario de convivencia política que, de mantenerse sólido, seguirá emitiendo buenos augurios. Este año va a ser sin duda, al respecto, una prueba continuada de lo que los salvadoreños tenemos que ir definiendo en clave de futuro. Cuando 2018 concluya estaremos en las últimas vísperas para la cita en las urnas del próximo 3 de febrero. Vendrá una nueva administración presidencial, e independientemente de quién esté a la cabeza de la misma, los salvadoreños nos hallaremos ante una experiencia que en muchos sentidos tendrá que ser diferente a las anteriores, porque los tiempos se están moviendo con ánimo de limpieza y con voluntad de transformación que no se habían visto con ese mismo impulso hasta la fecha.

Cuando se produjo el fin negociado de la guerra interna, hablamos de una serie de transiciones en el panorama de la vida nacional. Más de 25 años después, lo que queda en evidencia es que el proceso transicional ya cumplió su función de la mano de la posguerra progresiva, y que hoy lo que tenemos es la dinámica evolutiva de la mano de la lógica democrática.

Esperamos que la normalidad vaya ganando espacios en todos los sentidos de la realidad nacional, y para ello los salvadoreños, sin excepciones artificiosas o interesadas, tenemos que reconocernos como los gestores de la buena marcha del país en todos los órdenes. Ahora, con mayo entre nosotros, podemos sentir que hay brisas húmedas y reconfortantes a nuestro alrededor, y esto lo decimos en forma gráfica y en forma simbólica. Adelante, pues, como buenos peregrinos.

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