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Estamos en momento de cambio, y hay que asegurar que todas las dinámicas se vayan encaminando hacia lo positivo

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David Escobar Galindo

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Hoy, así como en las artes y en la moda, las extravagancias están a la orden del día; y eso hace que lo que está presente en el panorama vaya pareciéndose cada vez más a una pieza de teatro del absurdo, en la que cualquier cosa puede pasar.

El cambio político se está haciendo sentir de manera inocultable, y también en clave globalizadora. Las antiguas fórmulas fijas han dejado prácticamente de existir. Hoy, así como en las artes y en la moda, las extravagancias están a la orden del día; y eso hace que lo que está presente en el panorama vaya pareciéndose cada vez más a una pieza de teatro del absurdo, en la que cualquier cosa puede pasar. En nuestro país, aunque el cambio político es una de las evidencias más notorias del momento, hay que reconocer que ningún esquema ha entrado en fase de colapso, aunque los partidos políticos establecidos se hallen, como se dice en el habla popular, "en alas de cucaracha". Pero hay que ponerle mucho cuidado a lo que está pasando, y la primera responsabilidad al respecto recae en el liderazgo que está por asumir la conducción ejecutiva del país, y que debe responder a tal desafío con lucidez y responsabilidad suficientes.

En el plano de las relaciones internacionales también hay brotes cambiantes que desde ninguna perspectiva hay que dejar de lado. El quiebre de la bipolaridad reinante en la Guerra Fría y el surgimiento de la globalización en ruta expansiva han venido a replantear el mapamundi, y eso nos toca a todos, desde los más poderosos hasta los más débiles. Uno de los puntos focales es la lucha comercial entre Estados Unidos y China, que esconde un forcejeo de hegemonías que es siempre inevitable. En países como el nuestro, eso hay manejarlo con la habilidad debida. La Ministra de Relaciones Exteriores designada por el nuevo Presidente y el mismo Presidente han manifestado que las decisiones que se tomarán al respecto estarán determinadas por el interés de El Salvador, y tal expresión abre una ventana de oportunidades que hay que activar en el plano vivo de los hechos.

Internamente estamos viviendo un cambio social que es parte significativa de la evolución democratizadora que los salvadoreños experimentamos desde el fin del conflicto bélico interno. Ese cambio social implica un nuevo enfoque de la participación ciudadana prácticamente en todos los órdenes de la vida nacional. Hay que irlo manejando con apertura, con inteligencia y con diligencia, para sea la misma ciudadanía la que salga gananciosa, de la mano del progreso.

Y a su vez, el cambio económico gana relieve como decisivo motor de todo lo demás. En verdad lo que estamos presenciando y vivenciando es el animador y proyectivo enlace entre el cambio político, el cambio social, el cambio económico y el cambio internacional. En un país como el nuestro, tomar verdadera y decidida conciencia de todas estas renovaciones a la vez motivadoras y riesgosas constituye, sin duda, un reto a la creatividad y a la responsabilidad en todos los aspectos.

Todos y cada uno de los salvadoreños estamos en el deber histórico de acoger el rol que nos toca en esta hora tan determinante de nuestra evolución. Y, por supuesto, los liderazgos en todos los campos de la vida nacional, comenzando por los liderazgos políticos, son los primeros llamados a dar el ejemplo al respecto. El horizonte está a nuestra disposición, pero para alcanzarlo hay que trabajar en serio y en armonía.

Tags:

  • cambio
  • relaciones internacionales
  • evolución
  • rol

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