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Estamos en un momento de alto contraste: mientras el sentir ciudadano mira hacia adelante el sentir político se clava en lo suyo

En el devenir humano, nada es vía cantada con anticipación; y por ende cada movimiento exige claridad y creatividad muy específicas.

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David Escobar Galindo

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Ya no puede caber ninguna duda razonable de que el proceso salvadoreño tiene características especialísimas que lo han vuelto, desde hace mucho tiempo, un muestrario de realidades de alto poder revelador. Hagámonos unas cuantas preguntas para graficar eso que acabamos de decir, en busca de respuestas que se salgan de los clisés acostumbrados: ¿Por qué llegamos a una verdadera guerra interna? Porque no fuimos capaces de atender las voces que la evolución natural hacía oír. ¿Por qué no prosperó ninguna solución militar pero sí un esfuerzo negociador impensable para muchos? Porque lo que el pueblo quería se abrió paso entre las obsesiones de los poderes establecidos y emergentes. ¿Por qué los dos partidos políticos predominantes en la posguerra sufrieron un varapalo ciudadano que nunca imaginaron? Porque la voluntad popular sacó a relucir su impaciencia frente a los atavismos caducos...

Dentro de lo que es la lógica natural de la evolución histórica, en cualquier tiempo y lugar, se pone de inmediato en evidencia que la principal función para todos es el aprendizaje comprensivo de las respectivas circunstancias vigentes. En el devenir humano, nada es vía cantada con anticipación; y por ende cada movimiento exige claridad y creatividad muy específicas. Hoy, como en todo momento, lo que la realidad nos pone como tarea inicial a los salvadoreños es preguntarnos: ¿Cuál es el sentido de la coyuntura actual y cómo debemos enfrentarla constructivamente? La primera respuesta sería: El sentido es el avance hacia adelante y el método para activar dicho sentido es la voluntad de todos puesta en armonía.

Detengámonos un instante para percibir de veras lo que pasa en los hechos, y el pálpito ansioso no se hace esperar, porque lo que tenemos enfrente es ese contraste al que nos referimos en el título de esta Columna: El sentir ciudadano mira hacia adelante y el sentir político se clava en lo suyo. En otras palabras, hasta el momento pareciera que las señales que la ciudadanía ha venido enviando sobre lo que considera necesario para asegurar una gobernabilidad que le sirva en primer término al bien común no es que hayan caído en saco roto, sino que se han dispersado constantemente en una atmósfera nacional que no acaba de posesionarse de su responsabilidad histórica fundamental: darle oxígeno a este nuevo país en formación.

Preguntémonos, pues, sin más tardanza, porque los tiempos apremian y las circunstancias exigen: ¿Qué es lo que el momento nos está diciendo a los salvadoreños como comunidad unitaria por debajo y por encima de los quebrantos desquiciantes que provienen en especial de la tozuda miopía política? Todo hace ver que lo que el momento nos está diciendo es que todos debemos limpiar nuestras estancias mentales de escorias confrontativas y de desechos obstructores para pasar cuanto antes al plano de la efectividad razonable, que siempre es interactiva.

¿Quién o quiénes deben tomar la iniciativa en este reposicionamiento de actitudes que ya no admite dilaciones ni excusas de ninguna índole? Lo ideal sería que todos los actores nacionales hicieran causa común al respecto; pero como eso de entrada parece una ficción inalcanzable, habría que señalarles a los actores políticos su responsabilidad coordinada de primer nivel; y si esto tampoco se alcanza, pues al menos algún actor tendría que animarse a tomar la valerosa batuta del empeño. Lo más importante es no seguir enredándose en lo inútil, porque, como dice la sabiduría popular, el tiempo perdido hasta los santos lo lloran.

No dramaticemos, no escandalicemos, no amenacemos, no chantajeemos; por el contrario, practiquemos la naturalidad, activemos la serenidad, dinamicemos la cordialidad, potenciemos el respeto. Hay que sanear la política, tomando ejemplo del proceder de la ciudadanía honrada, que es inmensa mayoría. El país está en manos de todos, y eso nadie lo va a cambiar, por más que se gruña y se relinche.

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