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Estamos en un momento evolutivo que reclama mayor compromiso institucional y más participación ciudadana

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Escritor

La coyuntura histórica que vivimos actualmente en nuestro país está cargada de incertidumbres y de desafíos, y a la vez es un escenario en movimiento que permite avizorar múltiples transformaciones progresivas en el despliegue de la vida nacional hacia el futuro. Es como si nos halláramos en un cruce de realidades que no son contradictorias sino complementarias, y por eso habría que ordenar las reacciones ante las mismas para no seguir quedándonos, como ya se hizo hábito, en el limbo de lo trivial. En otras palabras, la experiencia del presente constituye en verdad un juego de contrastes, del que hay que ir sacando las correspondientes conclusiones en la medida que se presentan. Y dentro de tal esquema lo que en este instante lo que se va produciendo es una apertura hacia la renovación en medio de mucha confusión y de generalizado desconcierto.

Cuando se producen situaciones como la referida se activan inevitablemente todas las dudas imaginables, lo cual alimenta diversas formas de negatividad. El brote constante de conflictividades de todo tipo es una muestra inequívoca de ello. Muchísima gente desconfía de todo, como puede leerse con facilidad en las opiniones que se recogen en el día a día, bien sea por medio de encuestas o como expresión de lo que se dice en todas las formas imaginables. Para el caso, la proliferación de las comunicaciones digitales constituye uno de los operadores principales, si no el principal, en estos nuevos espacios de vida comunitaria.

En vísperas de cumplir el primer cuarto de siglo desde la firma del Acuerdo de Paz en enero de 1992, El Salvador está en un punto en que el abanico de transiciones desplegado desde entonces reclama aires nuevos, que precisamente se han venido gestando en el curso de los años anteriores. Algunas de dichas transiciones son, por su propia naturaleza, de más larga duración, como la que se refiere a pasar de una sociedad dividida a una sociedad integrada y la que consiste en pasar de un esquema nacional de rechazo a un esquema nacional de pertenencia; pero en todo caso es hora de hacer balances de resultados de lo que se ha conseguido hasta la fecha para continuar con una programación mucho más precisa. Uno de los efectos beneficiosos del trance que ha vivido El Salvador con la guerra y con la posguerra es haber activado de lleno esas transiciones que, de entrada, han significado movilizar energías que por tanto tiempo habían estado sumergidas en el letargo histórico.

Ese letargo ya no es de ninguna manera sostenible, y ahí también hay una ganancia de extraordinarias perspectivas. Hay que lidiar con resistencias de muchos tipos, pero cada vez con más seguridad de que ninguna de ellas podrá en definitiva ganarle la partida al progreso. Puede ser que muchos externen su escepticismo al respecto, porque los datos de la cotidianidad dejan aún mucho que desear; sin embargo, la tarea se mantiene en pie, y ya ese solo hecho alienta para no cejar en los empeños innovadores.

Hay propósitos y objetivos que hay que asumir sin más tardanza. Nos referimos en el título de esta columna al compromiso institucional y a la participación ciudadana. Ambos son factores verdaderamente decisivos en cualquier momento y circunstancia del quehacer nacional; pero siempre hay coyunturas, como la que actualmente atravesamos, en las que el compromiso y la participación adquieren trascendencia superior. Desde luego cada momento tiene sus especificidades propias, y en el actual lo que habría que lograr es que el compromiso se oriente a redefinir conductas institucionales y la participación no sólo abra nuevos espacios de incidencia sino que renueve vigilancias sobre la institucionalidad.

Lo que a los salvadoreños debe quedarnos cada más evidente por la misma fuerza de lo que se vive es que esta es hora de hacer y no de divagar. Hacer con disciplina, con estrategia y con valor para que los resultados puedan corresponder a lo que la realidad está exigiendo de tantas maneras y con tantos apuros. He ahí la agenda nacional del día.

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