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Estamos en vísperas de iniciar un año que trae muchas expectativas y grandes responsabilidades de cara al futuro inmediato

El cuerpo social ha venido tomando creciente conciencia de sí mismo, con lo cual su función participativa se hace más y más presente, no dentro de las estrechas formalidades del pasado sino con la amplitud de miras y de propósitos que caracterizan al compromiso real.

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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Dentro de la dinámica normal de la evolución democrática, lo que se va manifestando en el curso del tiempo es una secuela de cambios de distinta graduación, que van desde lo que no presenta variaciones significativas hasta lo que implica renuevos que pueden llegar al dramatismo máximo. En lo que se refiere a nuestro caso nacional, todo esto se evidencia en cada uno de los momentos sucesivos del proceso, y lo aconsejable sería entonces llevar una especie de catálogo descriptivo de nuestra propia experiencia, a fin de reconocer con pelos y señales las diferentes situaciones que van graficando lo que ocurre dentro del ambiente en cada una de las áreas del mismo, a medida que el fenómeno evolutivo se despliega.

Aunque el escenario político es el espacio donde se manifiestan siempre con más colorido las volatilidades de la realidad, lo cierto es que en todos los aspectos del vivir cotidiano se van dando mutaciones de la más variada índole, aunque haya momentos circunstanciales en que dichas mutaciones tienden a hacerse más notorias. Este preciso momento nacional se caracteriza justamente por eso: por poner en evidencia a cada paso lo que viene mutando en las diversas áreas de nuestra experiencia colectiva como sociedad en movimiento. Y lo más significativo al respecto en los días que corren es que las iniciativas del cambio provienen cada vez más de la sociedad civil en su condición de ente ciudadano.

En otras palabras, el cuerpo social ha venido tomando creciente conciencia de sí mismo, con lo cual su función participativa se hace más y más presente, no dentro de las estrechas formalidades del pasado sino con la amplitud de miras y de propósitos que caracterizan al compromiso real. En tales condiciones nos encuentra la definición electoral que viene el 3 de febrero y que, si hubiera necesidad de una segunda vuelta en las urnas, tendría que concretarse el 10 de marzo.

En esta oportunidad, hay una situación de contienda electoral que no tiene precedentes en nuestro recorrido democrático, ya que se ha visto el surgimiento de una tercera fuerza que es muy distinta a las que se consideraron tales en el desenvolvimiento precedente. En esta oportunidad, lo que está principalmente en cuestión en el ánimo ciudadano es el desempeño mismo de las dos fuerzas partidarias que vienen ejerciendo la supremacía en todo el período de posguerra; es decir, lo que la ciudadanía, en significativo porcentaje, percibe y valora es cómo se han desenvuelto tanto ARENA como el FMLN en el curso de su labor alternante. Ya los resultados de la elección legislativa del pasado 4 de marzo fueron una elocuente muestra de ello.

Ahora, dentro de unas cuantas semanas, viene la elección presidencial, y nos hallamos ante un panorama incierto, que tendría que definirse de la manera más favorable para el país y para su destino inmediato. En todo caso, y dadas las circunstancias que se dibujan en el estricto presente, todas las fuerzas nacionales tendrían que estar preparándose para actuar de la manera más inteligente y constructiva de cara a un futuro que nos está presentando desafíos cada vez mayores. Esto es lo que todos debemos reconocer y asumir de la mejor manera para que nuestro país y su proceso puedan salir adelante entre las diversas dificultades que van saliendo a relucir día tras día.

La actitud que debe prevalecer, porque es la que más les conviene tanto al país como a su gente, es la que mueve voluntades y promueve iniciativas en la vía de propiciar que la dinámica nacional no sólo no se detenga sino que prosiga su avance en pro de lo mejor para todos. Después de una campaña saturada de promesas lo que tendría que venir es un ejercicio de cumplimientos adecuados.

Contemos los días uno tras otro, para que ninguno de ellos se pierda en el vacío, como ha sido perversa costumbre entre nosotros. Leamos los mensajes que están animándose en el ambiente, para que ninguno de ellos quede al margen como palabrería inútil. Démosles respuestas a los reclamos de la realidad, para que ninguno de ellos nos rebote en el rostro, como ha ocurrido tantas veces. Y dispongámonos a administrar lo que venga, porque esa es la clave del éxito.

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