Estamos llenos de propuestas sin ejecución

Parafraseando al poeta Roque Dalton, de su poema de amor, los salvadoreños debemos pasar de ser “sabelotodo a hacelotodo”.
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Estamos repletos de propuestas de solución ante los profundos problemas que estamos viviendo, al igual que llenos de contra propuestas que refutan o dicen ser mejores que las propuestas planteadas.

Eso frena la oportunidad de lograr ejecutar, aunque sea mínimo, alguna de las propuestas que están sobre la mesa. La situación se mueve como el vaivén del péndulo cuyo movimiento es constante. Significa que estamos detenidos en un planteamiento de ideas, muchas “tergiversadas”, derivadas de pensamiento de intereses más que emanados de posiciones estudiadas, que enfrentan duras críticas de posturas en contra y efervescencia social a favor.

El problema es no encontrar ideas y propuestas de solución que confluyan, sino, que van contrapuestas, y eso alimenta la sapiencia de quienes se aprovechan del caldo del caos para hacer prevalecer sus posiciones. Nos hemos llenado de “maestros” del conocimiento y del saber, de sabelotodos, quienes dicen tener la razón en sus planteamientos, en pro o en contra, de las propuestas de cara a los problemas económicos y sociales.

Así transcurren los días, discutiéndose propuestas, realizando análisis, evaluando, sin ejecutar, mientras los problemas se agudizan.

Es un buen momento de tomar ejemplo de sociedades que están actuando colaborativamente, que han desarrollado esquemas de trabajo aliando fuerzas sociales, empresariales, políticas, tanques de pensamiento, encauzados en el logro de cumplir con la ejecución de planes y obras que conlleven el tan anhelado desarrollo de sus pueblos. Sociedades que ponen por delante las personas, y trabajan con base en un fin común que resulte en un beneficio colectivo capaz de prolongarse en el tiempo, no cortoplacista. Son países o municipios de estos que han hecho realidad el ajuste de medidas o que han tomado medidas de ajuste que incluyen el ámbito político, privado, y público, todo en aras de lograr el bienestar común.

Aprendamos de ellos para que cada quinquenio nuestro país cuente con una estructura de planes y propuestas, que tengan un marco de actuación y ejecución. Si hay temas que discutir, con la profundidad suficiente y necesaria, hay que definir y aprobar una o dos metodologías, para no enredarnos, que tengan un tiempo, preestablecido, para ponderar su valoración.

Las decisiones deben ser enfocadas hacia el cómo ejecutar de manera más eficiente las propuestas, en lugar de discutirlas de forma estéril. La invitación a participar en la aportación de elementos de juicio que permitan acelerar la solución o soluciones a los problemas debe incluir una estructura formal en la cual los participantes sean personas de diversa índole de pensamiento, ideología, origen social y partido político. Esa diversidad tiene que ser limitada en el número de participantes, quienes aportarán los insumos necesarios para que se tomen las decisiones por las instancias correspondientes.

En ese sentido, quienes “se sienten en la mesa” representarán diversas opiniones técnicas, económicas, sociales y políticas, debiendo acudir a diferentes organizaciones académicas, tanques de pensamiento, sociales, ambientales u otras, dependiendo del asunto por resolver, para nutrir la valoración de su aporte.

Es importante el cambio de cultura de ser flexibles en cuanto aceptar opiniones contrarias que sean valoradas objetivamente poniendo como meta el beneficio común de lo que resulte mejor al país. La seguridad social y económica, el control del clima, el agua, el crecimiento económico, la alimentación, hasta el tráfico vehicular, esperan una solución consensuada, cuya ejecución comience a corto plazo y se prolongue a largo plazo, sobre todo, beneficiando a la población.

Tags:

  • propuestas
  • soluciones
  • oportunidades
  • consenso

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