Este día, 15 de septiembre, hay que hacerse el propósito de reactivar el sentimiento patriótico en función de ir construyendo un país mejor

Sería más que oportuno emprender iniciativas tanto institucionales como ciudadanas para reinstalar una cultura cívica y patriótica verdaderamente funcional en el ambiente, que comience en las instancias básicas, que son la familia y la escuela, y que tenga el acompañamiento apropiado de las entidades públicas y de las diversas organizaciones sociales.
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Estamos a 196 años de aquel 15 de septiembre de 1821 en que fuera proclamada la Independencia centroamericana, luego de tres centurias de dominación española. Durante toda esa larga época los pueblos de nuestra área geográfica e histórica han venido viviendo una evolución de múltiples facetas, en la que hay profundos lazos integradores y a la vez múltiples diferencias desintegradoras. Los 5 países centroamericanos nacimos a la independencia como un solo bloque, pero muy pronto vino la dispersión que nos convirtió en 5 Estados independientes. Desde entonces ha habido muchos intentos de reunificación dentro de la diversidad, pero ninguno de ellos ha fructificado de veras, ni aun en estos nuevos tiempos globales en los que hay más argumentos realistas para actuar en común.

 

 

El Salvador ha venido haciendo su propia trayectoria conforme a sus condiciones particulares y a sus movimientos de coyuntura. En ese tránsito hay de todo, y lo que habría que destacar en primer lugar es que nuestro pueblo en todo momento y circunstancia ha logrado mantener su fortaleza básica, en abierto contraste con lo que les ocurre a los liderazgos nacionales, que no han podido asumir su propia evolución conforme a la dinámica de los tiempos.

 

Una de las pérdidas más deplorables y erosionadoras que viene sufriendo nuestro país sobre todo a partir del inicio de la segunda mitad del pasado siglo es la referente al debilitamiento progresivo del sentimiento de pertenencia nacional. Y cuando dicho sentimiento se desdibuja en el ambiente es como si la realidad entera fuera perdiendo raíces y asideros, agudizándose así esta sensación generalizada de inseguridad y de inestabilidad que ahora nos embarga. Y no se trata simplemente de revivir el patriotismo ceremonial, sino de vivificar el arraigo en lo propio, para que lo propio nos importe de veras. Como un signo esperanzador al respecto recogemos la lección que nos están dando desde su lejanía geográfica los miles y miles de salvadoreños emigrantes, que son hoy los abanderados del amor patrio, en una cercanía emocional que se convierte a diario en hechos muy concretos, como el persistente apoyo a sus familias que residen aquí y el aporte que eso significa en conjunto para la sostenibilidad económica nacional.

 

Este 15 de septiembre nos encuentra embarcados en una prolongada campaña electoral doble que concluirá a comienzos de 2019; y este momento en el que habrá que encarar decisiones de gran importancia para el desenvolvimiento del país, no sólo en lo político sino en todos órdenes, debe ayudar a abrir ojos y oídos en función de tener visiones más claras y percepciones más sensatas sobre lo que la coyuntura histórica nos está demandando.

 

Sería más que oportuno emprender iniciativas tanto institucionales como ciudadanas para reinstalar una cultura cívica y patriótica verdaderamente funcional en el ambiente, que comience en las instancias básicas, que son la familia y la escuela, y que tenga el acompañamiento apropiado de las entidades públicas y de las diversas organizaciones sociales. En otras palabras, hay que convertir fechas como esta en fuentes de revitalización nacional.

 

La Patria es todo lo que nos rodea en este pequeño mundo de herencias, de símbolos y de emociones al que pertenecemos todos. Recuperemos los arraigos posibles para poder desplegar con más vigor y entusiasmo las energías de la nación.

 

 

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