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Este día se celebra la independencia patria, y es momento oportuno para evaluar cómo está el país y cómo se avizora su futuro

La mejor celebración que se puede hacer de nuestros más relevantes antecedentes patrios es la que encarna en la toma de conciencia de lo que es el país en el presente y de lo que debe ser en el futuro. Es decir, un acto de fe patriótica con efectivo arraigo en los hechos.
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Hoy es 15 de septiembre, la fecha más emblemática dentro del calendario cívico del país. Es el día en que, hace ya 195 años, se logró la independencia centroamericana, luego de tres siglos de dominación española. Aunque en tal momento El Salvador no era aún un Estado con destino propio, lo cual se lograría unos años después, al colapsar la República Federal, lo cierto es que nuestra andadura independiente inició aquel día de septiembre, cuando se alcanzó lo que los próceres salvadoreños venían proponiéndose desde mucho antes. En esa línea tenemos que enlazar esta conmemoración con la del 5 de noviembre de 1811, cuando San Salvador dio la primera campanada del nuevo tiempo.

A lo largo del recorrido que ha hecho el país durante estos ya casi dos siglos de vida independiente, la sociedad salvadoreña ha tenido que encarar múltiples pruebas históricas, algunas de ellas verdaderamente definitorias de su propia supervivencia. De seguro la más dura de ellas fue la guerra interna, que derivó de la distorsión básica del sistema imperante por tantos años. Los salvadoreños supimos hallar una solución inteligente, que puso al país en una nueva plataforma de despegue hacia el futuro. En ese ejercicio estamos, y aunque hay enormes y riesgosos problemas no resueltos, los augurios pueden ser prometedores si nos decidimos en conjunto a hacer bien las cosas y en los momentos oportunos.

En tal sentido, todos los connacionales tenemos el deber patriótico de unir fuerzas y juntar esfuerzos en el propósito de hacer de El Salvador el lugar propicio para las realizaciones personales y colectivas de cuantos formamos parte del conglomerado nacional, en este momento y de aquí en adelante. Hay una identidad que nos caracteriza y nos da sentido como individuos y como sociedad, aunque se venga haciendo evidente que tal convicción de ser parte viva de un todo nacional casi no se practica ya en el ambiente; y tal identidad, desdibujada pero imborrable, es, por su propia naturaleza, fuente de sentimientos y de percepciones que hay que motivar y preservar en forma constante.

La coyuntura actual nos presenta una gran cantidad de retos a los que hay que responder con lo mejor que tenemos como nación y como sociedad. Da tristeza ver cómo buena parte de las energías nacionales se desperdician en la conflictividad estéril y en la falta de visión integradora. Sobran argumentos de toda índole en pro de articular cuanto antes un proyecto de país que nos dé a todos el manual de ruta sin el cual seguiremos yendo a la deriva. ¿Qué es lo que se necesita, entonces, para emprender sin más demora esa labor que ya no puede esperar? Patriotismo interactivo en el más puro y mejor sentido del término, que es una amalgama de proyección, de compromiso y de responsabilidad.

La mejor celebración que se puede hacer de nuestros más relevantes antecedentes patrios es la que encarna en la toma de conciencia de lo que es el país en el presente y de lo que debe ser en el futuro. Es decir, un acto de fe patriótica con efectivo arraigo en los hechos. Hagámoslo así para que la voluntad compartida asuma rango de auténtico reconstituyente nacional.

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