Este maldito populismo...

Maldito porque es perverso, hipócrita, malintencionado y sumamente dañino; e inevitablemente desemboca en la miseria de aquellos que lo profesaron.
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Este maldito populismo...

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La herramienta favorita del populismo es el engaño, haciendo creer a la gente común y corriente que les resolverán todos sus problemas –reales o percibidos– a costa del enemigo: las privilegiadas élites –la oligarquía, la voraz clase empresarial, los financieros, los terratenientes, los medios, los políticos, todos aquellos cuyas actividades no son más que una continua guerra en contra del “pueblo”, por ende la mala condición de este en contraste con la privilegiada condición de “ellos”.

El populismo es una ideología antagonista, que divide a los pueblos entre nosotros –los puros– y los demás –los contaminados–; y argumenta que la política es de exclusiva expresión de los puros, el “pueblo”.

La distinción entre ellos y nosotros es una distinción moral. ¡Qué hipocresía más grande! El populismo es siempre una combinación de nacionalismo con socialismo, adaptada a las condiciones locales. Carece de un sistema socioeconómico bien fundamentado y bien razonado, simplemente aprovecha la frustración, los miedos y prejuicios de la población en un momento dado.

El populismo se proclama en contra de todo lo establecido y a favor de la democracia representativa. ¿Por qué? Porque necesita de esta para legitimar sus acciones, necesita de la política para proyectar la ilusión de la voz del soberano, del “pueblo”, como Imperius Deus.

El populismo es una respuesta a la frenética carrera de transferir el poder del gobierno a indefinidos poderes, de la privatización de instituciones gubernamentales hacia manos privadas para lucro de pocos, lo que produce una sensación en la población de indefensos, de desamparados; y es en esta desolación que el populismo hace las preguntas correctas, aun y cuando las repuestas son las equivocadas. Preguntas sobre temas de suma importancia tales como emigración, oportunidades económicas, educación, salud, inseguridad, violencia, ¿y el futuro de mis hijos? Temas ignorados por el establecimiento, o si no ignorados tratados de manera inconsecuente, dando lugar a la politización de dichos argumentos, proveyendo espacios al populismo para propuestas tontilocas que dada la condición de la población pues no hay nada que perder.

Es importante reconocer que el populismo solo necesita, en promedio, el 20 % de los votantes para generar un desproporcionado impacto, que si no es atendido y enfrentado puede llegar al total control de las instituciones, y a la debacle que esto produce, la destrucción de la democracia y sus instituciones... a la total miseria.

El populismo necesita de aprendices de caudillos, mentirosos por naturaleza, narcisistas por excelencia. La causa no existe, todo es alrededor del caudillo, su imagen y beneficio propio. El caudillo y los sicofantes que los siguen tienen un solo propósito: llegar al poder y mantenerse en este a como dé lugar, sin límites de ninguna clase, todo pro beneficio del caudillo y su círculo.

Afortunadamente, nuestro querido El Salvador no es tierra fértil de caudillos y dictadores, aquí no hay ni Señor de Sipan, ni Perón, mucho menos Maduros o Donaldos. ¿Y cómo combatir este cáncer llamado populismo? Simple, debemos tratarlos como cualquier otro, combatir sus argumentos con argumentos, evitar la tentación del argumento ad hominem, contra la persona, el cual da oportunidad de aparecer como víctimas del orden establecido, presentar evidencias claras, no permitir la redefinición de términos y conceptos, y apelar a la total transparencia, el peor enemigo de todo movimiento populista. La respuesta de la sociedad en general debe ser organizada, agresiva y contundente, sin tregua ni misericordia. Aquí no hay izquierdas ni derechas, solo hay ciudadanos y aprovechados (populistas).
 

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