Lo más visto

“Estoy a la puerta y llamo”

El papa Francisco advertía en una de sus homilías “del peligro de convertirse en un cristiano tibio, porque esto provoca alejarse cada vez más del Señor y evita escuchar su llamado”. La escritura dice que a “los tibios, Dios los vomitará de su boca”. Alguien que es tibio piensa ser rico, dice. “Me he enriquecido y no tengo necesidad de nada. Estoy tranquilo”, advierte el Evangelio.
Enlace copiado
“Estoy a la puerta y llamo”

“Estoy a la puerta y llamo”

Enlace copiado

 

Sin embargo, es esa una tranquilidad que engaña. Cuando en el alma de una familia, de una persona, hay tranquilidad de ese tipo, ahí no está Dios.

Esa riqueza del alma que tú crees tener porque eres bueno, piensas que haces todas las cosas bien, todo está tranquilo en ti. Pero hay otra riqueza: esa que viene de Dios, que siempre lleva una cruz, siempre lleva tempestad, siempre lleva alguna inquietud en el alma.

Los tibios pierden la capacidad de contemplación, la capacidad de ver las grandes y hermosas cosas de Dios. Pero Dios va en busca de nosotros y nos dice: “He aquí que estoy a la puerta y llamo”.

De ahí la importancia de escuchar cuando el Señor llama a nuestra alma, porque quiere darnos algo bueno, quiere entrar en nosotros y hacernos santos.

Pero hay también cristianos que no se acuerdan cuándo los llamó el Señor, no son capaces de escuchar la voz de Dios. Se necesita entonces entender bien cuando llama el Señor, como nos dice el Evangelio que hizo Jesús con Zaqueo: Zaqueo se dio prisa y bajó del árbol de sicomoro y acudió a Él.

Pero la iniciativa parte del Señor, quien dice a Zaqueo: “Baja de prisa que hoy me he de hospedar en tu casa”. El Señor habla siempre con amor: para corregir, para invitarnos a comer o para hacerse invitar. Nos dice despierta, abre, desciende. Pero siempre es Él quien llama, quien toma la iniciativa.

Por tanto, podríamos preguntarnos a nosotros ¿sé distinguir en mi corazón cuando el Señor me dice despierta, cuando me dice abre y cuando me dice desciende? ¿O soy sordo a la voz del Espíritu Santo que habla en mi corazón cuando hago oración o cuando me lo sugieren en la dirección espiritual?

Pidamos al Espíritu Santo que nos dé la gracia de saber discernir estas llamadas que el Señor nos hace en cualquier momento y circunstancia de los quehaceres de nuestro día, con ocasión de los más diversos acontecimientos.

Pero para escuchar los llamados de Nuestro Padre Dios, debemos luchar por portarnos bien, cumpliendo fielmente la doctrina que Jesús nos enseñó y nos dejó plasmada en la sagrada escritura, en la sagrada tradición y en la autoridad de la santa Iglesia, y acudir a los sacramentos con frecuencia: a la confesión, a la sagrada comunión.

Esto nos conducirá a tener una auténtica vida de trato con el Señor y de estar pendientes de los demás que Él ha puesto a nuestro lado, para que ellos también se acerquen a los sacramentos y a los medios de formación que les ayudarán a estar con Dios.

Acudamos a su madre, la Virgen Santísima, nuestra madre, que está llena de misericordia, nos quiere felices en la tierra y felicísimos en el cielo para siempre.

Lee también

Comentarios