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Estructura psicosocial del liderazgo. La motivación

Un líder tiene un motivo, está motivado y sabe motivar.

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Reinerio Belloso

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La frase inicial implica la enorme capacidad que tiene el líder de convencer, motivar y orientar a otros para que lo sigan, haciendo que ellos compartan su mismo motivo, ¿cómo lo logra? Primero revisemos en qué consiste el fenómeno de la motivación. En mi modesta práctica en el campo de la capacitación he tenido la oportunidad de conocer el vacío que existe acerca de este concepto. Han proliferado una gran cantidad de "motivadores"; las empresas solicitan charlas de motivación con el objetivo de impulsar a sus empleados a trabajar con mayor eficiencia como si esto se tratara de la administración de una especie de refuerzo vitamínico o de bebida energizante que procura proporcionarle a la persona una especie de dinamismo, al menos temporal. Son comunes los cursos de liderazgo que incluyen a la motivación como parte de los contenidos. Por supuesto que la gente sale de esos cursos bastante "motivada", pero a la semana siguiente las cosas siguen igual. Lo que se ha experimentado en este caso es un fenómeno que yo he dado en llamar el efecto efervescente, ya que la metodología impacta en el sistema emocional, pero por poco tiempo debido a que nada es profundo y ese es el concepto que la gente tiene de la motivación.

La palabra motivación deriva del latín motivus o motus, que significa movimiento o "motor", es decir, lo que mueve a un cuerpo, creando el impulso para poner en obra la acción. La motivación entonces es más que un efecto efervescente y pasajero.

En psicología, la motivación implica estados internos que dirigen al organismo hacia metas determinadas; son los impulsos que mueven a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación, esto significa que esta motivación tiene raíces mucho más profundas y disfrazadas en el ser humano, de tal manera que ni la misma persona puede estar consciente de ello.

Los grandes líderes, que han trascendido en la historia, positiva o negativamente, es innegable que han tenido grandes motivos que los han "motivado" a hacer o deshacer. El secreto está precisamente en el motivo: existe una relación que es directamente proporcional entre el motivo y el objetivo, también existe una correlación entre la precocidad del motivo y su fuerza para mover al que se convertirá en líder. Genghis Kan (1162-1227), el gran guerrero conquistador y fundador del primer Imperio mongol, comenzó precozmente a configurar su plan de vida a partir del asesinato de su padre, Yesugei, por parte de los tártaros cuando Genghis Kan apenas tenía diez años de edad. Como se puede ver en estos casos, la motivación nos impulsa siempre a ejecutar metas, sanas o no muy sanas; positivas o negativas; altruistas o perversas.

En la motivación humana podemos encontrar que lo que mueve a una persona a hacer esto o aquello son motivos tan diversos como el amor, el odio, la venganza, el miedo, la angustia o el convencional deseo de superación, entre otros, todos estos configurados en la mayoría de los casos en la infancia y provocando impactos significativos sanos o traumáticos. Es muy probable que detrás del liderazgo de Adolfo Hitler estuviera un potente odio hacia alguien que le provocara un enorme daño o humillación. Así, cualquier escuela de liderazgo seria no debería considerar la motivación de forma mediocre, sino más bien como una herramienta de profundo análisis psicológico para la formación a largo plazo de liderazgo.

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  • líder
  • motivación
  • efecto efervescente
  • Genghis Kan

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