Estudiar... ¿para qué?

Columnista de LA PRENSA GRÁFICAEs posible que muchos jóvenes se estén planteando esta pregunta ante una diversidad de circunstancias, por ejemplo: a) si un motorista de la Corte Suprema de Justicia o de la Asamblea gana casi el doble que un ingeniero recién graduado; b) si Mark Zuckerberg, Steve Jobs o Bill Gates construyeron un imperio sin título universitario; o c) si la mayoría de gente que conoce trabaja en algo distinto a lo que estudió. Lo mismo puede suceder en el área rural, con jóvenes que deciden no terminar su educación media, ya que su entorno agrícola nos les ofrece mayores oportunidades; en el fondo, muchos se preguntan: ¿en qué va cambiar mi vida con el título de bachiller, si lo que tengo alrededor es milpas?, luego ¿tendré que migrar para seguir creciendo profesionalmente...?

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Estudiar ¿para qué?, es una pregunta sobre la “valorización del sistema educativo”; cuando tenemos una institucionalidad eficiente y significativa, estudiar vale la pena, pero cuando los ciudadanos no detectan la rentabilidad de la inversión de tiempo hay deserción; en efecto, la tasa de deserción del sistema educativo es altísima, perdemos más de 50,000 estudiantes al año; incluso la tasa de graduación a nivel universitario es apenas del 11 %. Por otro lado muchos jóvenes se han inclinado a modelos de educación alternativa, tutoriales en YouTube, certificaciones parciales o MOOC.

Los estudios económicos de Mauricio González sobre la Tasa Interna de Retorno del sistema educativo 2008-2016 señalan resultados negativos; en El Salvador estudiar más no implica mejores ingresos, y esto obviamente está vinculado al crecimiento económico. Pese a lo anterior, Eduardo Vélez, de Banco Mundial, explicó que cada grado de escolaridad representa un 10 % más en los ingresos.

Pero estudiar sí vale la pena y es necesario: Más allá del paradigma de “ascensor social” (Ignacio Martín Baró) las sociedades en vías de desarrollo no solo demandan una escolaridad promedio de 11 grados, y disponibilidad de ingenieros y doctores; además de un ecosistema académico y de oportunidades para la innovación (¿Creen ustedes que Zuckerberg, Jobs o Gates hubiesen hecho lo mismo en nuestro medio...?).

Estudiar y graduarse representa el hecho que somos capaces de iniciar y terminar algo, y obviamente si no tienes título universitario los caminos laborales serán cuesta arriba, ya que hay muchos como tú... Hoy, además de tener un título universitario, será importante dominar otros lenguajes informáticos e idiomas; en efecto, vivimos en la era del internet de las cosas (IoT) y son pocos los trabajos que no tienen relación con las tecnologías de la información, y tanto en el campo de los negocios como en el académico nos comunicamos fundamentalmente en inglés.

No podemos seguir graduando abogados, administradores de empresas, mercadólogos, contadores y chef; también cuidado con los “Makeup”: nuevos nombres para viejas carreras. Finalmente, mucho cuidado en dónde invierte sus recursos para estudiar, ya que el prestigio académico de la casa de estudio tiene un peso importante para los “Job Hunting”. La demanda de nuevos empleos para el futuro posiblemente aún no esté en la oferta universitaria local... nanociencias, calidad de vida, agroingeniería genética, big data, tecnologías biométricas, inteligencia artificial y locomoción alternativa, entre otras.

Estudiar... ¿para qué?: Al menos para no terminar como político, y conseguir un trabajo por “cuello”...

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