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Etapas de una crisis

Facilitar el acceso a información objetiva, confiable y oportuna es una tarea importante.

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Rafael Ernesto Góchez

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Una actitud positiva (conducta) y una aptitud idónea (capacidad) son dos factores determinantes para superar una condición grave. Nadie está exento del impacto que está teniendo el nuevo coronavirus. Por ello, es importante tener una coordinación efectiva para gestionar la crisis y favorecer la recuperación.

Antes de profundizar sobre la situación actual, conviene precisar lo que se entiende por crisis: "un acontecimiento extraordinario, o una serie de sucesos, que impacta negativamente a un porcentaje significativo de la población". Asimismo, es oportuno subrayar que todas las etapas de una crisis son importantes y que el mayor esfuerzo recae en el Gabinete de Crisis (nivel macro), pero el papel de la familia, la ciudadanía y la comunidad (nivel micro) es crucial.

En términos generales, una crisis tiene cinco etapas. Lo complejo es que la actual es una crisis sanitaria y económica de carácter global y local.

Etapa 1. Detección. Reconocimiento del problema y determinación de las causas y efectos de la crisis. Esto incluye la identificación de quiénes serían los perjudicados y beneficiados por la tribulación.

Etapa 2. Prevención. Sobre la base del análisis causal del problema, se elabora un plan de acción para afrontar la dificultad. Conviene segmentar a la población según el tipo de riesgo (bajo, medio o alto).

Etapa 3. Contención. Una vez desatada la crisis, el Estado y la sociedad tratan de aplacarla. Una pieza clave es la capacidad logística, financiera, técnica e institucional para atender a diferentes públicos.

Etapa 4. Recuperación. Los esfuerzos de país se orientan a volver al normal funcionamiento. Aquí es esencial la capacidad de resiliencia de la población, la generación de liquidez y el trabajo duro.

Etapa 5. Aprendizaje. El país hace un autodiagnóstico de lo aprendido en la crisis, una evaluación del impacto socioeconómico e institucional a nivel nacional y un conjunto de recomendaciones relevantes.

Estas cinco etapas indican que el camino será más largo de lo que muchos pensaban y generan la pregunta ¿cómo debería conducirse la crisis COVID-19? Lo primero es (y se está ejerciendo) un mando unificado, fijar prioridades y actuar pronto en el campo de la salud y la economía. También es preciso que la limitación de las libertades de reunión y movimiento solo duren lo necesario y se respete el debido proceso. Luego viene el reto de lograr que todos los sectores "remen en la misma dirección", por lo que, habría que sumar progresivamente a los municipios, la academia y la sociedad civil.

¿Van a modificarse los pesos del Estado, la sociedad y el mercado? En la crisis, es lógico que se le asigne un mayor papel y más recursos al GOES para atender a los más vulnerables, garantizar los suministros básicos y mantener a flote el aparato productivo. Este accionar sería pertinente (a pesar de complicar las finanzas públicas) y los costos y resultados que se tengan condicionarán la poscrisis.

Conclusión: facilitar el acceso a información objetiva, confiable y oportuna es una tarea importante en las cinco etapas de una crisis. También es crucial que los gobernados entiendan que las dos primeras etapas exigen visión, mando y acción, y que las tres últimas etapas son decisivas para mejorar los servicios sociales básicos y posibilitar la revitalización de la economía nacional y familiar.

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  • crisis
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