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Ética, política y movimientos cívicos

Según datos de una investigación global reciente solicitada por The World Economic Forum
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Según datos de una investigación global reciente solicitada por The World Economic Forum, los ciudadanos están “empachados de los políticos, pero no están dispuestos a renunciar a vivir en democracia” (Richard Wike, director de Global Attitudes Research, Pew Research Center, https://www.weforum.org/agenda/2016/11/pew-research-democracy-richard-wike? utm_content=buffer5c394&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer).

La política a escala mundial tiene necesidad de la ética amigable a la persona humana para su correcto funcionamiento. Propongo la “ética de las virtudes o racionalista”, que se basa en un elevado concepto del hombre y la mujer. Se inició con la filosofía clásica y se complementó con los valores cristianos, judíos y grecorromanos. Ha sido la raíz de la actual democracia en la Unión Europea y en Estados Unidos. Entre más se practique la ética, mayores esfuerzos innovadores se consiguen para evitar la corrupción e ilegalidad tanto en el comportamiento de sujetos económicos y políticos de los países ricos y pobres.

La “ética de las virtudes” ilumina a la política en que la cooperación para el desarrollo favorezca el encuentro cultural humano y no se limite a la ayuda económica, apoyando sin asistencialismos que humillen al necesitado.

La ética ayuda a ver en el capital humano el elemento más valioso, que necesita la educación para progresar; pero para dar este tipo de ayuda, se debe saber a quién se educa, cómo se educa y en qué se educa.

La ética incluye la aceptación del sentido común o una ley natural que nos permita distinguir entre leyes justas e injustas, que nos dé criterio para diferenciar cuándo una determinada ley, tal vez justa en sí misma, debe aplicarse en un caso determinado.

La equidad de nuestros juicios depende de que sepamos reconocer el espíritu con el que fue escrita dicha ley y, por tanto, sepamos advertir en qué medida es pertinente o no aplicarla en un caso concreto. Si no tuviéramos un sentido natural de justicia y equidad, no podríamos hacerlo.

Sabemos que la acción política es la más elevada forma de servicio a la sociedad, de tal forma que grandes líderes espirituales animan a sus creyentes a incursionar en ella para lograr un mundo mejor para las siguientes generaciones. Específicamente, el Concilio Vaticano II y los últimos tres papas han señalado que los fieles laicos son Iglesia haciendo el mundo y son ciudadanos del mundo que edifican la Iglesia.

A ellos les compete en primera fila la vida pública y la acción política. El mensaje es fuerte: “Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública”. Como consecuencia, no pueden eximirse de emprender las variadas actividades que se destinan a promover el bien común, sino que deben configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos. Siendo que los políticos ejercen la autoridad y con ella el poder, me parece que la doctrina social de la Iglesia puede ser de gran utilidad para cuidar la democracia en nuestro país.

Veo con esperanza que los movimientos cívicos verdaderos pueden acercarse e influir positivamente en las decisiones de los partidos políticos, respetando su cultura y forma de operar, además de compartir ideales éticos y trabajo educativo de la opinión pública.

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  • etica
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