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Ética profesional: un valor en extinción

Según el diccionario de la lengua española, la definición de ética es “parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre”.
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Cuando un país padece de lo que personalmente identifico como crisis integral, los valores básicos que rigen la conducta humana se deterioran paralelamente con más intensidad que los aspectos económicos, sociales, políticos y ambientales.

Cuando se pierden los valores inherentes al respeto a nuestros semejantes y al supuesto amor al prójimo, esa crisis se aproxima a su máxima expresión, algo semejante a “tocar fondo”. La educación generalizada podría considerarse como un antídoto. Pero lo potencial y contagioso del fenómeno llega a tal grado que corroe los cimientos en que se sustenta una sociedad.

Esos valores se identifican con la conducta humana: respeto y tolerancia, responsabilidad, solidaridad, compasión, sinceridad, honradez, fraternidad, generosidad, etcétera. Orientan el comportamiento de la persona. Se adquieren, en teoría al menos, en el aprendizaje académico, tanto en la familia como en la escuela.

Cuando estos valores se deterioran y se pierde la conciencia de los efectos de ese fenómeno en la destrucción de un país se transforman en una actitud deliberada de irrespeto cotidiano a la dignidad del ser humano. Es entonces que la crisis integral es apremiante.

Entre esos males, deseo hacer especial énfasis en la corrupción. Por casualidad este último fenómeno se ha intensificado en los políticos (lo corroboran las noticias), pero resulta ser un mal contagioso que se propaga en una sociedad como si fuese una epidemia. Lo termina practicando el iletrado como el profesional. Precisamente porque la compulsión por acumulación de dinero desplaza al final hasta el último resabio de honradez.

Ataca al profesional en todas las disciplinas y los juramentos, cuando estos son investidos, terminan ignorándose. Hay uno en especial que simbólicamente se hace a Hipócrates, para aquellos que tienen en sus manos algo más trascendental que una asesoría, una obra física, una defensa de derechos etcétera; algo más sublime, por llamarle de alguna manera, y que solo un ser superior a nosotros mismos puede arrebatar: la vida misma.

La comercialización de un objeto o de un servicio es la esencia en el mundo de los negocios, se vuelve una actividad vital y la razón de ser de un negocio: el lucro. Pero en el área de los servicios médicos, asociados con medicamentos y seguros, el tema es delicado y espinoso. Se trata de especular con la aflicción y la angustia del ser humano en su afán de prolongar su vida y el aprovecharse de esa circunstancia para lucrar es antiético y se vuelve una cadena de corrupción bien organizada que afecta a los que regatean vida y que no apelan a la demanda.

La crisis de valores no se cuantifica como las variables económicas, malversaciones, homicidios por día. Presenta otras connotaciones que atañen al deterioro de los valores primarios del ser humano, en general y a las actitudes del profesional. Quienes ostentan esta última categoría debiesen contribuir a la construcción de una sociedad más próspera, justa y humana, inculcando el respeto a los derechos humanos y predicando con el ejemplo: los principios morales y éticos.

La desigualdad del ingreso en El Salvador no permite el acceso de la gran mayoría de escasos recursos a los servicios médicos tradicionales y privados. Su alternativa no es precisamente la oferta de medicina biológica, que también es onerosa. Forzosamente tienen que recurrir a la bondad de la naturaleza y a su fe.

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