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Evitemos el caos electoral en El Salvador

El TSE salvadoreño está bajo un gran escrutinio ciudadano porque estamos a cerca de tres meses de las elecciones de 2018 y no tenemos un sistema confiable.
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Hay un viejo dicho popular que dice “cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas a remojar”. Honduras ha estado literalmente ardiendo en los últimos días a raíz de la incapacidad del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de dar los resultados electorales de la elección presidencial el domingo 26 de noviembre en que se llevaron a cabo las elecciones y en la semana subsiguiente. Esta incertidumbre y el temor de la oposición política de que les estaban “robando” las elecciones condujo a un llamado a protestar de los líderes de la oposición en contienda, por la falta de resultados, lo cual degeneró en pillaje, violencia y eso obligó al gobierno a suspender las garantías constitucionales y a imponer un toque de queda de las dieciocho horas a las seis de la mañana.

Hay que recordar que en Honduras no sólo se llevaron a cabo elecciones presidenciales, sino que simultáneamente también hubo elecciones municipales y legislativas. Por el momento se ha estado discutiendo los resultados de las presidenciales, pero las elecciones de diputados tienen su complejidad porque el sistema electoral hondureño es muy similar al nuestro, con cierta diferencia en el conteo de las fracciones de los votos cruzados que en nuestro caso lo vuelve más difícil y tardado obtener el resultado final.

En el caso salvadoreño vamos a tener dos eventos electorales en los próximos quince meses: El primero será el próximo 4 de marzo de 2018 en donde los partidos políticos se medirán en elecciones municipales y legislativas; El segundo será la elección presidencial que tendrá su primera vuelta el 3 de febrero de 2019 y una posible segunda vuelta el 10 de marzo, dependiendo de si se conforma una tercera opción adicional a las de ARENA y el FMLN o no.

El TSE salvadoreño está bajo un gran escrutinio ciudadano porque estamos a cerca de tres meses de las elecciones de 2018 y no tenemos un sistema confiable que nos garantice la transmisión de la información, el conteo de los votos y la comunicación de los resultados. Dicen que lo barato sale caro. Por andar queriendo comprar cosas baratas y ahorrarse unos dólares podríamos tener que esperar mucho tiempo antes de conocer los resultados de las elecciones de diputados y eso podría caldear los ánimos innecesariamente en un país que no necesita mucho para incendiarse dada la fuerte polarización política y los apasionamientos de los diferentes adversarios.

Hay estudios que se han venido haciendo en América Latina sobre la forma que se ha hecho fraude en diferentes países y lo más común es que en cierto momento que el candidato oficialista no está obteniendo el resultado esperado, se cae el sistema y cuando se vuelven a dar a conocer los nuevos resultados (unas horas después) la tendencia ha cambiado y gana el candidato oficial. Ejemplos de ello hay en países como Venezuela, Ecuador, recientemente en Honduras y en el mismo caso de la elección presidencial de El Salvador en 2014.

La forma como se hace el fraude es que se inserta un software que cambia el valor de un voto de la oposición a una fracción menor que la unidad y al final el candidato oficialista termina ganando por un estrecho margen. Recordemos que en El Salvador en 2014 la diferencia fue de seis mil votos únicamente, después que se cayó el sistema y cambió la tendencia para darle el triunfo al actual presidente Salvador Sanchez Cerén. ¿Por qué no es fácil detectar ese tipo de fraude? Porque se hace con la inserción de una especie de virus en el sistema, que después desaparece. La pregunta es ¿Cómo nos aseguramos que eso no ocurra en El Salvador en las próximas elecciones? Comencemos porque la empresa acusada de hacer esos fraudes a nivel internacional, llamada Smartmatic, no gane la licitación en El Salvador. También hay que hacer cambios en las leyes electorales que permitan abrir las urnas cuando la diferencia sea de menos de 5% de los votos totales válidos o cuando haya un porcentaje muy alto de votos anulados o impugnados. Por ejemplo cuando los votos impugnados y anulados sean iguales o mayores a la diferencia entre el ganador y el perdedor. Esto también debe aplicar para elecciones de alcaldes y diputados.

Hay muchas otras formas de hacer fraude en las mesas electorales: Ejemplos conocidos son que votan los muertos, que personas voten dos veces, que voten los presos que no tienen derecho a hacerlo, que se tenga una estrategia de anularle al oponente al menos dos votos por urna, en el caso salvadoreño hay cerca de diez mil urnas, es decir veinte mil votos.

Este tema da para mucho, pero lo más importante es que los diputados que pueden hacer las reformas de ley trabajen en dichos cambios y que la sociedad civil despertemos pronto de nuestro letargo para no desayunarnos en unos meses habiendo perdido el país por no haber actuado a tiempo. En movimientos como DECIDE estamos intentando hacer conciencia en todos estos temas y te invitamos a que te incorpores por el bien de nuestro país.

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