Éxodo y homicidios de jóvenes en el Triángulo Norte de C. A.

En El Salvador, 345,150 jóvenes entre los 15 y 24 años ni estudia ni trabaja, uno de cada cuatro.
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El Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA) –Guatemala, Honduras y El Salvador– con una población de 31 millones de habitantes y 242.4 mil kilómetros cuadrados lidera los índices de migraciones y criminalidad, secuelas ambas de la guerra de los ochenta-noventa, y de la falta de empleo y oportunidades en el cuarto de siglo de posguerra. Víctimas y victimarios, los jóvenes y su entorno son ahora el centro de esta guerra de nuevo tipo y también de su superación.

Todo comenzó con las guerras civiles y el éxodo progresivo de la población desde los ochenta, y con las desintegraciones familiares en los países del CA-4 y en Estados Unidos donde surgieron las pandillas o maras reexportadas después al TNCA. Así se implantaron, desarrollaron y crecieron en los territorios y comunidades, alimentados por la exclusión social y la falta de empleo y oportunidades. Y, en la última década, por la creciente repatriación de deportados con antecedentes penales desde Estados Unidos, cerrando el círculo vicioso entre migraciones y criminalidad.

En el año 2000 la tasa de migración neta (diferencia entre las personas que entran y salen de un país durante el año por cada 1,000 habitantes) de El Salvador doblaba la de Honduras y un poco más la de Guatemala, en 2014 disminuyó casi a la mitad en Honduras y aumentó levemente en Guatemala, mientras se duplicó en El Salvador, cuadruplicando la de Guatemala y septuplicando la de Honduras con 8.44 por mil habitantes (CIA World Factbook). Así creció la migración salvadoreña correlativa a la violencia y a la falta de empleos y oportunidades. En los últimos 8 años, la migración de niños del TNCA a EUA ha aumentado registrándose un total de 136,987 mil niños no acompañados detenidos en los últimos 7 años (2009-2015), 44,639 salvadoreños (US Customs and Border Protection, January 2016).

De 2004 a 2013, un total de 691,511 personas del TNCA fueron deportadas de Estados Unidos a sus países, 476,030 sin antecedentes penales (68.8 %) y 215,481 con antecedentes penales (31.25 %). 165,146 fueron los salvadoreños deportados, 103,824 sin antecedentes penales (62.9 %) y 61,322 con antecedentes penales (37.1 %) Respecto a 2013, las deportaciones al TNCA (122,298) crecieron 17.3 %, 30.3 % en El Salvador llegando a 27,180 disminuyendo 19.4 % en 2015 (21,920). El total de deportados de 2004 a 2015 fueron 889,287 para el TNCA, 214,246 para El Salvador (“2013 Year Book of Immigration Statistics”; “ICE Enforcement and Removal Operations Report”, 2015).

En el TNCA, los últimos 12 años (2004-2015) la violencia superó las 171 mil víctimas con un promedio de homicidios anuales de 50.7 por cada 100 mil habitantes, quintuplicando el nivel considerado de epidemia (10) por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ocho veces mayor que el promedio mundial de 6.2 por cien mil habitantes. Honduras, que no experimentó las guerras civiles de sus tres países vecinos, pero padeció sus consecuencias, lideró por muchos años dichos índices, reduciéndolos de 86.5 al 56.7 por cien mil de 2011 a 2015. En El Salvador, los homicidios ya igualan o superan las cifras de los asesinatos de la guerra de los ochenta-noventa y los promedios de la época de mayor violencia y número de víctimas del conflicto. Concluyó 2015 con 6,670 homicidios, 104.2 por cien mil habitantes, 10 veces mayor que el índice de epidemia de la OMS, y 16 veces el promedio mundial, con 95 % de impunidad. En el TNCA, en promedio, 60 % de las víctimas son menores de 34 años, atribuyéndose a las pandillas la principal responsabilidad del incremento de la violencia, con más del 60 % de los homicidios.

En Latinoamérica, uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja (“Ninis en América Latina: 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades”, Banco Mundial, Washington, D. C., enero de 2016), uno de cuatro en El Salvador. Un total de 345,150 jóvenes salvadoreños entre los 15 y 24 años no trabajan ni estudian (EHPM, DIGESTYC, 2014). Los más de 1 millón 341 mil jóvenes que oscilan en el rango de los 15 a los 24 años, el 26.4 %, se dedica al ocio. Cuando una parte de la población no acumula capital humano, se obstaculiza el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Los jóvenes que no estudian dejan de acumular capital humano que estimula el crecimiento económico, genera redistribución del ingreso en el futuro y crea nuevas oportunidades para los hogares de bajos ingresos, siendo improductivos para la sociedad, y un obstáculo para el crecimiento económico a largo plazo. Los jóvenes ninis también contribuyen potencialmente a la delincuencia, las adicciones y la desintegración social.

Este altísimo nivel de víctimas y victimarios tiene una múltiple causalidad, resaltando la exclusión social juvenil expresada principalmente en la falta de educación y empleo, factores directamente vinculados. Enfrentar la exclusión social juvenil conlleva el impulso de una educación pertinente de calidad que facilite a los jóvenes el acceso a un empleo digno, y el impulso de altos niveles de inversiones privadas sostenidas en sectores de mayor productividad y crecimiento que ofrezcan esos empleos decentes. Pero se requiere una estrategia integral para generarlos, vinculando cada vez más el mundo de la escuela y el conocimiento con el mundo del trabajo.

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