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Expediente político

Cuando se conocen los entresijos del poder hay que ser muy diestro para transitar por la fina línea que hay entre lo legal, lo ilícito y lo ético. La máxima política que se enuncia: “el poder es el poder”, y así se concibe; por los intereses, actitudes, forma de actuar y objetivos políticos inmediatos y mediatos que se deben de ventilar en cargos puros y duros, que a través de la experiencia y el saber político se toman decisiones de transcendencia nacional y que en ese nivel no existen recetas únicas sino se trazan líneas maestras para el fortalecimiento de políticas de Estado.
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Por ello, es necesario buscar elementos unificadores y de consenso, que generen confianza y eficiencia en políticas de buen gobierno; pues no es lo mismo gobernar que ejercer el poder político. La crisis de confianza en la administración pública es una de las debilidades del sistema político salvadoreño lo cual debe de ser desvanecido mediante un nuevo estilo de gobernar. La corrupción corroe las entrañas más profundas de la organización del Estado al cual debilita y por ello que los ciudadanos están atentos a saber cuál es la opinión de los aspirantes a la silla presidencial en el tema y cuáles serán los mecanismos de control para combatir las prácticas de actos ilícitos e ilegales que dañen la distracción de fondos públicos.

El maestro Nicolás Maquiavelo, en su obra “El Príncipe”, respecto a la corrupción dice: “La corrupción es una amenaza contra la libertad, virtud sin la cual ningún pueblo, puede conseguir su grandeza”, y continúa diciendo “que la corrupción es privación de la libertad, el ciudadano corrupto no es libre y hace imposible el buen gobierno”. La corrupción manifiesta desarticula las características de un buen gobierno, el cual debe de estar constituido por funcionarios en cuya formación política forme parte de su pensamiento político la supremacía de lo público sobre lo privado. En la actualidad la sociedad civil se expresa en forma enérgica cuando se escuchan declaraciones de funcionarios que han manejado fondos del erario nacional de manera dudosa y que contienen excusas con las cuales pretenden evadir responsabilidades. En las campañas electorales, salen a flote las estructuras que están institucionalizadas y que actúan en forma operativa y de manera oculta mediante la figura de redes de interés encuadradas en los partidos políticos. Lo encarnizado de la lucha por el poder genera peligrosos vientos de litigios que pueden tener su expresión política en lo estrictamente técnico, por no respetar el resultado electoral, violentando la voluntad popular; y en consecuencia, desencadene una expresión política estrictamente técnica, pidiendo una revisión del conteo de votos; y por otra parte, el desatino de desestimar la voluntad expresadas en la urnas, mediante negociaciones de cuatro bandas para pretender cambiar la correlación de fuerzas. Aplicando la inteligencia política el instituto político que pueda considerase afectado de las maniobras apuntadas debe identificar la manera como se ligan y se articulan entre sí los diferentes actores; y por lo tanto, las maniobras para lograr sus diferentes objetivos.

Es oportuno mencionar la máxima política que se enuncia así: “Dejemos que el pueblo decida, pero sin trampas”. Es imperativo que el sistema político salvadoreño muestre institucionalidad estructural, para que funcione la legitimidad política e institucional, parámetros sobre los cuales descansa el Estado democrático en derecho.

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  • maquiavelo
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