Expuestos, mal pagados y en zonas de riesgo

Ser policía en este país no es una gran opción. No hay buenos salarios, no hay un escalafón eficiente, los índices de violencia son altos y las jornadas laborales largas, sacrificadas y conllevan un enorme riesgo.
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Así ha sido el panorama desde la firma de los Acuerdos de Paz, esos que justos celebramos el viernes 16 de enero. Sin embargo, el inicio de este año parece estar obstinado con la fuerza policial, obstinado por disminuir el interés por formar parte de la Policía Nacional Civil.

En apenas 15 días, el país registró el asesinato de siete agentes policiales de diferentes niveles y de diferentes divisiones. Y la mayoría –si no todos– murió a manos de pandilleros.

Y no es que las 12 o 15 víctimas diarias nos duelan menos, pero el asesinato de los miembros de la corporación sugiere un ataque dirigido. Y, también, la pérdida de control de territorio.

Además, los policías están permanente expuestos. Dados los hechos recientes, debemos repensar como sociedad cómo estamos apoyando a quienes tienen en su mano la responsabilidad de cuidarnos, de detener el crimen.

Los agentes policiales están hoy más que nunca expuestos, mal pagados y viviendo y conviviendo en zonas de alto riesgo, en comunidades donde es sabido que son parte de la fuerza policial.

Las muertes violentas duelen, cualquiera que sea. En el caso de los agentes, también debemos pensar cuántos los salvaguardamos dado el nivel de riesgo de su profesión. Yo creo que nada. Pero además lamento el tono evasivo de las autoridades respecto a esta situación.

Quizá esta semana vi alguna luz de fuerza en las palabras de algunos de ellos, quizá ya sobrepasados por la indignación.

También debemos considerar cuánto pierde este país con cada una de las muertes. Además de perder porque ganamos miedo, el país ha invertido mucho en la preparación de estos agentes. Solo dos ejemplos bastan, miembros de unidades élites: Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) y División Élite Contra el Crimen Organizado (DECO).

¿Cuánto invirtió la corporación policial en entrenar a estos agentes? Y dejamos que la violencia se los lleve así porque sí.

Y la estela que queda atrás no es menor. Una familia condenada a huir y a perder quizá al único –o al menos mayor– sustento de la familia.

¿Qué va a hacer este gobierno para recuperar terreno, autoridad, fuerza? ¿Qué va a hacer además para cuidar a sus elementos policiales y sus familias, para cuidarnos a todos?

Y ojo que las excusas no pueden ser que el problema no se gestó en este gobierno. Es obvio que no, pero ahora les toca resolver a los que están en el poder, para eso la gente les entregó su confianza en un voto.

Los policías ya han comenzado a demandar de sus autoridades reacción ante los ataques, y tienen razón, están demasiado expuesto. Ojalá pronto veamos esas respuestas, sin evasivas.

Tags:

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