FMLN-LaGeo contra niños, inválidos y pobres

De los 850 comentarios a mi penúltima columna, 50 fueron insultantes. Entre los 800 de adhesión, muchos elogiosos y razonados, varios educadamente me sugerían que cambiara de tema, porque las advertencias contra la penetración musulmana ya bastaban.
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Por eso y por deber ciudadano, en este artículo procedo a denunciar la vergonzosa manera en que LaGeo, por razones partidarias, seguramente bajadas desde la cúpula del FMLN, me obligó a cerrar la Fundación que constituí hace 9 años y venía, desde entonces, presidiendo a beneficio de, en promedio, unos 120 pacientes, la mayoría niños e inválidos, así como a sus madres o encargadas, además de ayudar monetariamente o en especie a muchísimas personas, todos en extrema pobreza.

Desde que asumió Sánchez Cerén, advertí a las tres abnegadas empleadas permanentes, una trabajadora social, la fisioterapista y la asistente general, más una sicóloga a tiempo parcial, que cuando el FMLN se diera cuenta de mi posición en la entidad, nos cortarían el aporte de LaGeo y cualquier institución oficial, aunque estas no nos ayudaban desde el final de la presidencia Saca. Vayan preparándose, les dije, para quedarse desempleadas y comunicándole a pacientes y beneficiarios que ya no podremos socorrerlos.

El 30 de junio pasado, envié una nota al señor Hato Hasbún planteándole la cuestión y pidiéndole me recibiera unos minutos, al tiempo que solicité a un prestigioso político muy amigo mío a quien aquel acababa de pedirle una delicada colaboración que intercediese para que atendiese mi inquietud. Lo hizo, pero no recibí respuesta alguna.

Cuando supe que se había nombrado nuevo presidente de LaGeo y su organismo encargado de obras sociales, Fundageo, al licenciado Daniel Rodríguez, el 20 de agosto le dirigí una invitación a que visitara la Fundación, como habían hecho sus predecesores, y almorzara con el personal y los directivos. Ni él ni su secretaria a quien pedí averiguar si le había llegado mi nota tuvieron la educación de contestarme. Un conocido diputado, allegado a Rodríguez quien le debe muchos favores, me ofreció pedirle que me llamase. Cumplió, pero su malcriadeza alcanza hasta sus protectores que no sean del partido que lo nombró, pues evitó cualquier réplica.

Del Lic. Rodríguez supe por ese líder político que es buen administrador, versado en cuestiones energéticas, al contrario del mero favorecido de la cleptocracia-ineptocracia gobernante que lo creía; como sí resultó serlo el nuevo gerente de Fundageo, de cuyo nombre no quiero acordarme, a quien su ayudante de campo me prometió convocarme a reunirme con ellos, un martes cuando vienen a la planta de Berlín, de lo cual desde luego se olvidó.

En diciembre finalizó el último desembolso de LaGeo. A insistencia de las tres empleadas, contra mi parecer, en enero solicitamos la por ocho años acostumbrada asignación trimestral. Ninguna respuesta.

La época dorada de la Fundación fueron sus primeros años. El presidente de LaGeo nos visitó varias veces, especialmente en Navidad cuando, junto a otros altos funcionarios, venían a celebrársela a los niños. En ocasión de la última, apareció solo una secretaria sin más festejos que dulces en bolsitas; los cuales no esperó a repartirlos, sino hizo entrada por salida. Que la nueva Nomenklatura de LaGeo haya sido grosera conmigo, me importa un bledo. Pero a los niños y sus madres, solo porque no sean activistas del partido, no la autoriza a tratarlos con tanta vulgaridad.

En fecha próxima recordaré a la diputada Ana Vilma de Escobar, quien siendo vicepresidenta honró con tres visitas a la Fundación, así como a otros educados y generosos donantes.

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