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Facilitar empleo para los jóvenes es factor decisivo de estabilidad social

Los jóvenes han venido saliendo de manera acelerada de aquella especie de marginalidad tradicional para pasar a hacerse presentes y actuantes con creciente conciencia del rol que les toca cumplir en el concierto democrático.
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La población salvadoreña siempre ha sido significativamente joven y en estos tiempos el despliegue de la juventud se vuelve cada vez más relevante, no sólo en volumen sino en presencia ciudadana. El auge extraordinario de las comunicaciones en esta era de virtualización global constituye un motor de intensa motivación participativa, como es posible apreciar en diversos aspectos y momentos de la realidad nacional. Los jóvenes han venido saliendo de manera acelerada de aquella especie de marginalidad tradicional para pasar a hacerse presentes y actuantes con creciente conciencia del rol que les toca cumplir en el concierto democrático.

En ese sentido, se hace indispensable un reenfoque actualizado de la responsabilidad institucional respecto del desarrollo del sector poblacional juvenil, de modo que los estímulos, los incentivos y las oportunidades vayan de la mano con la dinámica actual de dicho sector. Es evidente que ya no basta el mero tratamiento educativo al estilo tradicional.

Modernizar activamente todo el sistema de educación resulta pieza clave del esfuerzo general, pero las exigencias renovadoras del presente reclaman mucho más que eso, y van directamente referidas a las condiciones de vida y a las opciones de futuro, que son las que verdaderamente mueven el progreso.

En estos días se ha activado el mecanismo para poner en práctica los beneficios contemplados en la Ley de incentivos para la creación del primer empleo de las personas jóvenes en el sector privado, aprobada en julio del pasado año. Dicha ley contempla deducciones fiscales según el número de jóvenes que contrate la empresa respectiva. Y para los jóvenes se abre una ventana de oportunidad, estrecha por el momento pero al menos como un primer espacio que, al evaluarse, debería hacerse más abarcador. El punto determinante está en ofrecer incentivos, tanto a los contratantes como a los contratados, para que el empleo vaya estando disponible.

Se sabe, por estadística y por experiencia cotidiana, que se está produciendo un fenómeno de escasez de empleo para jóvenes que inician su etapa laboral, y esto como algo que afecta en todas partes, hasta en las economías más desarrolladas. En nuestro caso nacional, por las diversas dificultades y limitaciones que padecemos, la situación es aún más compleja, porque se une a un esquema bien arraigado de insuficiencia estructural de oportunidades de formación y de desarrollo personal. Y esto último habría que enfrentarlo como desafío fundamental, cuanto antes. Hablamos de oportunidades reales de autorrealización, no de parches para disimular.

El tema de las oportunidades se relaciona íntimamente con la educación, con el empleo y con la estimulación social para el progreso. Se trata, entonces, de un reto multifacético, que habría que asumir desde una base conceptual muy clara: la sociedad sólo progresa de veras cuando atiende las necesidades, las aspiraciones y las expectativas de todos sus sectores y de todos sus integrantes individualizados. Esa visión integral es la que nunca se ha dado entre nosotros, con las graves y desquiciantes consecuencias que están a la vista. Los jóvenes son parte viva de la realidad, y la realidad debe ser componente vivo de su desarrollo.

Esperamos que las propuestas electorales de todos aquéllos que nos piden la confianza para llegar a gobernar contengan elementos suficientes y novedosos al respecto. Porque además el voto joven es cada vez más significativo y determinante.

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  • virtualizacion global
  • estilo tradicional
  • personas jovenes

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