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Factor clave para la solución de los problemas nacionales es el crecimiento efectivo

Ya tendríamos que haber entendido todos que estar siempre en el filo de la crisis va gastando las energías disponibles con el agravante de que cada vez la situación se vuelve más incierta, con los efectos deshabilitadores que eso produce.
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La Prensa Gráfica

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Por más que se quiera encubrir el estado en que se mantienen las finanzas públicas, con todas las derivaciones que la real situación trae consigo, lo cierto es que nuestro país se encuentra en situación verdaderamente delicada, a la que habría que encontrarle cuanto antes rutas de salida que efectivamente tengan capacidad de funcionar. Ya por desquiciante costumbre el tratamiento de los temas fiscales se viene haciendo en forma sesgada y poco transparente. La tendencia al gasto público sin control parece un mal endémico, y la escasa inteligencia que se le aplica al tema de los ingresos contribuye a complicar el panorama. Aquí se repite lo que siempre es de esperarse: cuando no hay disciplina en el manejo del equilibrio entre el ingreso y el gasto se está en vía directa hacia la crisis recurrente.

Ya se volvió práctica endémica el ir tapando huecos financieros y saltando obstáculos coyunturales para no despeñarse en lo irreparable, pero ese es siempre un juego peligroso, como se vio a todas luces en el impago en que cayera hace poco el Gobierno. La reforma en el sistema de pensiones tuvo que hacerse, porque ya no había más remedio; sin embargo, ese tipo de soluciones al filo del desastre lo que hacen es resolver a medias lo inmediato dejando señales amenazantes para lo que viene. También el impulso a subir la carga tributaria cuando la emergencia se vuelve más grave es un riesgo muy serio para la estabilidad general.

Ya tendríamos que haber entendido todos que estar siempre en el filo de la crisis va gastando las energías disponibles con el agravante de que cada vez la situación se vuelve más incierta, con los efectos deshabilitadores que eso produce. A estas alturas ya no hay acceso a tablas de flotación que puedan dar imagen de normalidad; lo que queda es lo que siempre debió haber quedado: el compromiso de ir al fondo en lo que se refiere a estabilidad y a sostenibilidad, en lo financiero y en todas las otras áreas de la vida nacional. Es decir, apuntarle al núcleo de las soluciones, que es el crecimiento económico sustentado y de amplio alcance.

El punto, pues, está en cómo crecer en la medida que se requiere para que todas las dinámicas nacionales se activen en la medida necesaria. Hay entonces que entrar en una lógica pragmática, que estimule los motores productivos sin permitir que se interpongan los prejuicios ideológicos ni los intereses excluyentes. En tal sentido, declaraciones políticas como las que recientemente lanzaran altos personeros del partido en el Gobierno sobre el propósito de instaurar en el país un esquema de socialismo al viejo estilo sovietizante para acaparar el aparato productivo lo que hacen, independientemente de su inviabilidad práctica, es inyectarle traumatismo a una realidad que ya está saturada de percepciones negativas.

Lo que hay que propiciar es el crecimiento tanto en provecho de la sociedad como en beneficio de la institucionalidad. Para que el sistema se mantenga saludable es preciso que todas sus fuentes lo sean. Esta es una verdad que no le pertenece a nadie en exclusiva, sino que es patrimonio de la racionalidad compartible por todos.

En la medida que el crecimiento asuma el protagonismo que le corresponde, veremos ir surgiendo los efectos reparadores que tanta falta hacen para que el país reasuma sus dinamismos naturales. Hay que proponérselo sin más retrasos artificiales.

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