Falta de transparencia provoca conjeturas

Muchos funcionarios actuales y pasados se quejan de falsas informaciones en su contra, pero es su culpa no evitarlo, pues se desconoce en su debida oportunidad tal cual se realizan las actividades de trascendencia y razones por las cuales se efectúan en determinado sentido
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Muchos funcionarios actuales y pasados se quejan de falsas informaciones en su contra, pero es su culpa no evitarlo, pues se desconoce en su debida oportunidad tal cual se realizan las actividades de trascendencia y razones por las cuales se efectúan en determinado sentido, especialmente cuando se trata de decisiones complejas que requieren de estudios previos; sin embargo, es frecuente observar mal asesoramiento a autoridades que desconocen o son ignorantes sobre los temas, ni de sus antecedentes ni consecuencias sobre un proyecto y transacciones públicas, pues son nombrados por pago de favores políticos o simple amistad.

La primera causa de estas desagradables situaciones se debe a que los partidos políticos no se preocupan por seleccionar los candidatos apropiados a cargos de elección popular, solo se basan en que sus partidarios o allegados llenen los únicos requisitos de “reconocida honradez e instrucción notoria”, que muchas veces ni eso tienen, además es importante su formación especializada y conocer sobre política técnica, como “arte de gobernar”, en segundo lugar la población no está debidamente educada a estudiar las características de los mismos, se dejan engañar de las promesas de campaña o simplemente aceptan los sobornos y venden sus votos al mejor postor, no hay conciencia para decidir por quién emitir el sufragio para elegir entre los malos el menor, sin importar de qué partido provenga.

Por otra parte, corresponde a los electos nombrar a los funcionarios de segundo grado y estos a sus subalternos encargados de dirigir al personal administrativo, si fuere sin influencias partidistas ni compadrazgos, todos ellos responderían solidariamente de sus actuaciones y sus gestiones se volverían más transparentes, trabajando honradamente; lograr este sistema de nombramientos es un reto para quienes en verdad quieren desempeñarse como buenos políticos y administradores de la cosa pública, lo que significa una intensa lucha educativa a diversos niveles de edad escolar en lo que se refiere a civismos, moral, disciplina, respeto a los cargos y personas dentro y fuera del sistema gubernamental, para lograr tener la educación suiza.

Con pena debemos confesar que la corrupción y compra de voluntades se ha convertido en una cultura nacional, un mal endémico a diferentes estratos de la sociedad, desde humildes vigilantes, policías, empleados, funcionarios hasta mandatarios, si bien podemos decir no es toda la ciudadanía, pero a nadie extraña que exista la famosa “mordida” por todos lados, los ofrecimientos de ventajas personales fuera de reglas o leyes y muchos artificios para hacer variar la verdad de los hechos, sean transferencias bancarias, concursos para adjudicación de obras, empleos condicionados a favores, existe un sinfín de formas.

La toma de decisiones políticas de Estado, a veces empresariales, se ve afectada por intervención de presiones, creencias ideológicas, o partidarias que se imponen a la razón, a la técnica y a los propósitos establecidos o prometidos, se habla de negociar con pandilleros, por lógica nunca un gobernante debe hacerlo, pues es romper el orden legal establecido y la ética de autoridad, pero sí puede la iglesia de cualquier creencia o denominación, no negociar, sino hablar, convencer para hacer llegar la ovejas descarriadas al redil, enseñando las doctrinas cristianas, comenzando por los 10 mandamientos, aunque sean los 2 primeros de no matarás y no robarás, los que tienen que ver en todas las clases sociales, estratos de partidos políticos; debe enseñarse en las escuelas, colegios y universidades, lo moral, lo ético, lo cívico, la disciplina, los principios de convivencia humana, etcétera, eso sí se puede decidir ahora y debió hacerse desde hace más de tres décadas con ahínco y no estuviéramos como estamos.
 

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