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Falta en el país una verdadera dinámica de consensos

En el caso del transporte público, que se ha vuelto un laberinto cada vez más intrincado, lo que habría que enfrentar cuanto antes es la remodelación a fondo del sistema.
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El problema del transporte público hace erupción de manera recurrente, sin que hasta la fecha haya mecanismos que eviten de manera consistente esa situación de crisis anunciada o detonada, según las circunstancias del momento. El tema de las maras y específicamente de la tregua que viene rodando desde marzo del año pasado no deja de generar dudas, reservas y rechazos. La cuestión palpitante de la problemática fiscal va de tumbo en tumbo, al vaivén cada vez más incontrolable de las circunstancias. Y esas son sólo las muestras más dramáticas de la inexistencia de una política nacional orientada a evitar conflictos y propiciar consensos.

En el caso del transporte público, que se ha vuelto un laberinto cada vez más intrincado, lo que habría que enfrentar cuanto antes es la remodelación a fondo del sistema. A partir de un diagnóstico sincero y completo de lo que hoy se tiene, habría que construir el esquema empresarial nuevo, teniendo en cuenta responsablemente todos los intereses en juego. Lo que hay que evitar de entrada es el desorden, la ganguería y la corrupción. La solución, pues, no puede ser impuesta por nadie, sino acordada por todos, con base en la ley y en el bien común. Si esto no se emprende así, la problemática seguirá deteriorándose en perjuicio de todos.

En lo que se refiere a la tregua de las pandillas y al futuro de tal iniciativa, lo que a todas luces está demandando la misma dinámica de dicho proceso es darle sostenibilidad institucional, a fin de que pueda ir dando resultados progresivos. Si se queda en la zona de las meras voluntades aisladas, lo minará la desconfianza y lo erosionará la falta de transparencia. Hay que lograr, al respecto, un concierto de propósitos, tanto institucionales como ciudadanos, que acompañen la iniciativa original en expansión. El problema habría que enfrentarlo en toda su complejidad social, familiar, educativa, legal y de oportunidades, para llegar a soluciones verdaderas y verificables.

Sobre la temática del estado de las finanzas públicas hay un hervidero de opiniones pero en verdad no existe ninguna proyección alentadora de tratamiento eficaz. Cuando la cuestión fiscal se complica, intentar deshacer nudos tirando de los hilos sueltos hace que las cosas se vuelvan cada vez más difíciles. Lo vemos en el día a día: ahora ya ni siquiera es posible disimular la falta de recursos para cubrir compromisos asumidos formalmente, como el del subsidio al transporte, por ejemplo. Y si esto es así en estos momentos, ya puede uno imaginar lo que le espera a la próxima Administración. La única vía de salida factible es entrar en un entendimiento nacional al respecto.

En realidad, el desafío consiste en generar una nueva filosofía de gestión, en la que se privilegien los acercamientos reales entre sectores y fuerzas, de tal manera que se vuelva natural el tratamiento interactivo de los diversos problemas nacionales que están sobre la mesa, la mayoría de ellos con verdadera urgencia de soluciones viables y sostenibles. Lo que ya no se puede es seguir en el estira y encoge, al vaivén de las circunstancias, porque eso es lo que nos mantiene en la incertidumbre y en la zozobra. Se requiere de mucha presión ciudadana para mover criterios estancados y prejuicios aún prevalecientes.

Quisiéramos oír, de parte de los aspirantes a la conducción nacional a partir de 2014, un compromiso firme e inequívoco en esta línea, sobre todo porque el apremio de los consensos necesarios se irá haciendo más fuerte cada día.

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  • Dinámica
  • consensos
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