Falta un mes para que los funcionarios legislativos y municipales elegidos asuman sus cargos

Quisiéramos ver, de entrada, un cambio de actitudes en lo que se refiere a la consecución de la mayoría simple y también en cuanto al propósito de abrirse a los acuerdos factibles entre las dos fuerzas más representadas en el seno legislativo.
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Exactamente dentro de un mes los funcionarios que fueron escogidos en las urnas el recién pasado 1 de marzo asumirán sus respectivos cargos tanto en los concejos locales como en la Asamblea Legislativa. El mes que viene será de seguro especialmente intenso, porque el bloque mayoritario configurado en la legislatura que se despide, que logró alcanzar la mayoría calificada, querrá dejar algunos puntos definidos, en especial la ratificación de préstamos, y a la vez acordar en el escaso tiempo disponible otros asuntos de su interés, como el tocante a ponerle ciertos límites al trabajo de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.

Quisiéramos ver, de entrada, un cambio de actitudes en lo que se refiere a la consecución de la mayoría simple y también en cuanto al propósito de abrirse a los acuerdos factibles entre las dos fuerzas más representadas en el seno legislativo. Y en lo que corresponde a los concejos plurales, sería muy sano darle paso a la disposición de hacer funcionales dichos concejos en el marco de la representación compartida. Entendemos que estas son expectativas de muy difícil realización, porque los partidos políticos lejos de tener entrenamiento en el consenso siguen cargando viejos lastres de conflictividad casi obsesiva. Pero no hay que cejar en el empeño de que las cosas cambien en esos planos, ya que conseguirlo, aunque sea de manera progresiva, es básico para la buena marcha del país en todos los órdenes.

Las fuerzas partidarias tendrían que haber entendido ya, sin reservas fuera de lugar, que la confrontación permanente no lleva a ninguna parte, y que la sustitución de los entendimientos abiertos y sustentados por arreglos sospechosos armados bajo la mesa tampoco puede impulsar hacia las verdaderas soluciones. El partido que está a la cabeza del Gobierno, sea quien fuere, debe abrirse al horizonte de los auténticos intereses nacionales, y no quedarse viendo, con miopía selectiva, sólo su interés inmediato, que casi siempre acaba por ser un espejismo.

Qué diferente sería la dinámica tanto administrativa como política si las distintas fuerzas en juego se animaran a ponerse en su verdadero nivel de responsabilidad, en concordancia con lo que la población representada necesita y merece. Sólo de pensar en un cambio semejante se activan las distintas opciones de progreso que se nos abren tanto interna como externamente. Y cualquier señal definida en esa línea podría detonar un giro muy positivo en todo el quehacer nacional, que se halla tan lastrado por las rencillas estériles y las desconfianzas inútiles.

Dentro de un mes exacto estaremos, pues, estrenando legislatura e inaugurando la pluralidad en los concejos. El momento es decisivo para entrar en una fase diferente de la democratización nacional, con todo lo que ello puede significar para el futuro del país en su conjunto. Si se deja pasar este momento sin emprender las renovaciones institucionales que ya no admiten más dilaciones, la profundización de los problemas existentes hará mucho más difíciles las correcciones indispensables para hallar el rumbo conveniente, en función de los mejores intereses del pueblo salvadoreño. Esto todos tendrían que tenerlo presente.

Es de entender que en las semanas por venir se tendrá que desahogar agenda y preparar la distribución de los liderazgos, sobre todo en lo referente al ámbito legislativo; pero esto no debe hacer que se deje a un lado el reto principal: emprender el nuevo período con buen pie.

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