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Felicidad personal en tres pasos

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Kalena de Velado

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A raíz de la triste noticia ocurrida a una residente de Apaneca, me gustaría reflexionar sobre la prevención de la violencia doméstica y el fomento de la equidad entre ambos géneros. En esa bella ciudad la gente salió hace poco a manifestarse para clamar por justicia a raíz del cruel asesinato de una joven madre, supuestamente a manos de su exnovio y luego encontrada en una cuneta en las cercanías de la ciudad. Los investigadores relatan que el sospechoso además dejó abandonado a su pequeño hijo de menos de dos años a la deriva en los cafetales, aunque milagrosamente sobrevivió después de vagabundear sin comer ni beber por cuatro días. Esta dolorosa noticia me hace pensar en el urgente llamado a trabajar para mejorar la salud mental y emocional en las familias salvadoreñas, para evitar que exista intimidación o agresión de la pareja u otro familiar.

Es importante conversar sobre el día a día de las familias y qué hacer para tener mejores y más gratificantes relaciones interpersonales con los seres queridos y compañeros de trabajo. Por lo general, son pequeños cambios que tienen grandes efectos positivos. Efectivamente, "donde se pone realmente a prueba la actitud amable es en la corta distancia, en la vida familiar, la intimidad conyugal, el trato entre padres e hijos, la relación con las personas que trabajan en una misma oficina ocho horas al día y llevan haciéndolo así durante 10 años, la atención de los enfermos, ancianos o discapacitados, y en tantos otros espacios cerrados en los que a veces la convivencia puede llegar a convertirse en un infierno. Para mí, la amabilidad en las distancias cortas se cifra en particular en la sonrisa, la escucha y la caricia. Son tres conductas humanas (que requieren de ordinario poco esfuerzo) y que pueden cambiar radicalmente la calidad de nuestra vida" (Jaime Nubiola, doctor en filosofía).

Si no podemos comunicarnos bien y con respeto entre quienes se tienen amor mutuo, ¿cómo podemos esperar que haya reconciliación, trabajo armonioso y buena convivencia en la sociedad?

Por eso me parecen atrayente los tres actos de amabilidad que sugiere el Dr. Nubiola, para construir una cultura de respeto.

La sonrisa. Es una pena minusvalorar la sonrisa, pues es uno de los rasgos más típicos del ser humano (Ludwig Wittgenstein, para muchos el filósofo más profundo del siglo XX), que una boca sonriente sonríe solo en un rostro humano.

La escucha. Cuántas personas se quejan con razón de que nadie las escucha. Para escuchar hay que renunciar a la seguridad de la propia opinión (aunque se tenga mayor experiencia o autoridad) y ponerse en duda uno mismo sin ningún reparo. Muy probablemente la otra persona llevará razón o, en todo caso, lo importante es lo que ella diga y no lo que uno pueda decir. Para comprender a la otra persona es preciso que aprendamos de ella. Al menos, en palabras de la Madre Teresa de Calcuta, estar con alguien, escucharle sin mirar el reloj y sin esperar resultados, nos enseña algo sobre el amor.

La caricia. Los seres humanos llevamos el alma a flor de piel... Cuántas veces un malentendido, una discusión, un disgusto con aquella otra persona que queremos queda relegado al olvido simplemente con una caricia amable, con un beso. No hacen falta palabras... más bien sobran. Los niños, los enfermos y los ancianos lo saben bien.

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