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Fertilizante para las expectativas

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Luis Laínez

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La gira del presidente electo, Nayib Bukele, por México y Estados Unidos no ha hecho más que aumentar las expectativas para el nuevo Gobierno. Es más, las promesas parecían aumentar de dimensiones a medida que pasaban los días. No sabemos qué pasó en la cena con empresarios mexicanos (ni siquiera quiénes estuvieron presentes), pero no es de extrañar que hayan surgido propuestas de inversión privada en El Salvador, sobre todo sabiendo los intereses de muchas compañías mexicanas en el país (y que han crecido luego de la venta de la operación de Movistar a América Móvil, la casa matriz de Claro).

Pero volviendo a las expectativas, lo que comenzó en el encuentro con el jefe del Gobierno mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como un compromiso para trabajar de manera conjunta entre el Triángulo del Norte de Centroamérica y México para enfrentar la migración se convirtió, un par de días después, en un compromiso de terminar con la migración, según el discurso de Bukele en la Fundación Heritage.

"Queremos erradicar la inmigración forzada. Nosotros queremos que nuestro talento se quede en El Salvador (...) La mayor vergüenza que un país puede tener es que su propia población esté huyendo, deberíamos avergonzarnos de eso. La gente debe estar orgullosa de estar en nuestro país, de tener oportunidades", aseguró el presidente electo en la sede del tanque de pensamiento más conservador de Estados Unidos.

Y también prometió "erradicar el 100 % del tráfico de drogas y armas de El Salvador a Estados Unidos".

El presidente a partir del 1.º de junio arrancó aplausos y felicitaciones de un público que escuchó lo que quería oír, luego de dos gobiernos efemelenistas.

En esa sintonía, el líder de Nuevas Ideas anunció que los gobernantes de Venezuela, Nicolás Maduro; y de Nicaragua, Daniel Ortega, debían olvidarse de que tienen un aliado en El Salvador, país que los ha defendido en cuanto foro internacional se haya cuestionado la falta de democracia y las violaciones a los derechos humanos de estos regímenes. Y también está la nueva relación con China, de la que Bukele se desmarcó y sembró la duda de que surgió de "arreglos bajo la mesa".

Para nadie es un secreto que todo el discurso de Bukele esta semana iba encaminado a deleitar el oído de una administración estadounidense ávida de afianzar a un socio que parecía haberle dado la espalda a Washington.

¿Y realmente vale la pena agradar tanto a Estados Unidos? El razonamiento pragmático pone por delante los tres millones de salvadoreños residentes en esa nación y el hecho que EUA es el principal socio comercial del país, amén de ser el emisor de una cooperación que es, por lejos, la más abundante para El Salvador.

Ahora está por ver cuánto de lo que se ha ofrecido podrá hacerse realidad. Porque las expectativas levantadas en el Norte también se suman a las que el político levantó aquí para poder ser elegido presidente en primera vuelta. Muchos de los proyectos ofrecidos en campaña requerirán grandes inversiones (el aeropuerto en oriente y el nuevo tren, para empezar). ¿Vendrá de EUA todos esos fondos o, meses después, escucharemos otros discursos para enamorar a otras potencias, como China, ansiosa por echar raíces profundas en el país?

La buena noticia es que hemos visto buena voluntad del principal partido de oposición, ARENA, para dialogar. Otros institutos políticos, como PCN, DS, PDC y, por supuesto, GANA, el partido que llevó a Bukele a la presidencia, se apuntan para lograr acuerdos comunes para los próximos cinco años. O al menos esta es la expectativa.

La primera prueba de la viabilidad de todo esto será al conocer el equipo con el que Bukele hará gobierno. Entonces sabremos cuán sólida será la nueva Presidencia.

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