Finaliza el año escolar

Doscientos días de enseñanza y ojalá al menos 1,000 horas de aprendizaje. ¿Efectivo? No hay manera de comprobarlo. Las pruebas lo reflejarán. Sin embargo, docentes y directores están a punto de clausurar un año escolar que tuvo dificultades. Hubo limitaciones presupuestarias, hubo tardanza en los desembolsos para pagar a los proveedores, hizo falta inversión en mantenimiento de centros escolares, tuvieron recortes presupuestarios y algo más.

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Muchos no tuvieron la asistencia técnica esperada, otros no pudieron actualizarse profesionalmente. Muchos vivieron la ausencia de estudiantes. Otros investigaron las condiciones en las que viven los estudiantes. Muchos se sorprendieron y nos sorprendieron con información sobre lo que los estudiantes están viviendo. Difícil imaginar el ambiente de inseguridad y violencia que tienen que enfrentar. Con esta ignorancia, el año escolar cierra ¿con menos o con más estudiantes?

El viceministro de Educación afirmó que únicamente el 2 % de estudiantes desertó durante este año escolar y este porcentaje representa a 17,000 estudiantes. Son muchos, aunque sean menos que en años anteriores. Dejaron el sistema educativo por diversas razones y, aunque lo que está pasando en las escuelas solo los maestros, maestras y directores lo conocen, destaca la inseguridad y la violencia. Tenemos que preguntarles.

La deserción ha disminuido. El año recién pasado, dijo el funcionario, abandonaron el sistema 34,000 alumnos y en años anteriores 40 y hasta 60,000. ¿Qué explica esta disminución? Informa que directores, docentes y padres de familia diseñaron estrategias de retención. Con este resultado, indiscutiblemente las innovaciones han sido efectivas. Es fundamental que se registren, se sistematicen y que se difundan como buenas prácticas y lecciones aprendidas.

¿Por qué difundirlas? Simple y sencillamente porque este ha sido un problema histórico y si como afirma el viceministro, la deserción en un entorno complicado se ha logrado reducir, no dudo que el país podría posicionarse compartiendo las innovadoras y efectivas estrategias. Esta puede ser tarea para las organizaciones sindicales y también hay instituciones de educación superior. Hay que motivarlas y abrir las bases de datos oficiales.

El segundo factor que explica la disminución, dijo, es el impacto de los programas sociales que incluye uniformes, zapatos, útiles escolares y alimentación. Según información de LPG, el ministerio gasta al menos $111 millones para financiar los uniformes y los zapatos. Esta política ha dinamizado la manufactura en micro y pequeñas empresas que con paciencia y confianza subsidian la política del gobierno durante todo el año escolar. Termina el año y aún no les cancelan.

En el portal de transparencia del MINED no hay información disponible para enjuiciar la calidad del servicio educativo, pero es indiscutible que estos programas millonarios impactan positivamente el presupuesto familiar. Pero ¿A quiénes impacta mayormente? ¿Qué perfil socioeconómico tienen? ¿Hay diferencias significativas en diferentes centros escolares? Y ¿qué implicaciones tiene la logística en el trabajo de los directores y docentes? Conviene hacer investigación o incentivar la investigación sobre estos temas. Y para esto, hay que abrir las bases de datos oficiales.

Y hay que abrirlas porque de la Policía Nacional Civil (PNC) sale más información sobre los jóvenes y adolescentes que de la misma escuela, que es por naturaleza el espacio de formación para la convivencia. Los docentes y directores, sin intereses partidarios, deben tomar la palabra para que la sociedad conozca la situación.

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