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Fomentemos nuestra identidad

El auge del turismo, exitoso en muchas de sus facetas, ha permitido comprender cuán importante es potenciar lo nuestro, la identidad nacional, en manifestaciones como la lengua, las costumbres, la preservación de los bienes arqueológicos, manufacturas, tradiciones y leyendas.
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Ese interés debe ser el resorte coyuntural para sugerir que el próximo año, 2017, sea declarado Año de la identidad nacional.

La lengua ancestral, el náhuatl, tendría que ser prioritaria en esa campaña de rescate, considerando lo deficitario de sus hablantes, quienes, según estimaciones, no sobrepasan los 200. Fue introducida por los pipiles desde el centro de México (no confundir con el náhuatl azteca, muy diferente). Su migración se inició el año 800 por la costa pacífica de Centroamérica. En la actualidad, cuatro municipios de nuestro país considéranse nahuahablantes: Nahuizalco, Cuisnahuat, Tacuba y Santo Domingo de Guzmán. Característica de esta lengua es que las palabras se unen entre sí para formar nuevas, con el agregado de sufijos, prefijos e infijos modificantes. En visita a Cobán, Alta Verapaz, Guatemala, pudimos observar el interés de ese país por preservar su lengua. Las radios transmiten en quitché.

La llegada de los españoles en la región produjo con la unión de las razas, el mestizaje y una religión monoteísta, dejamos atrás la adoración a muchos dioses (politeísmo).

El Ministerio de Turismo, con un buen criterio, ha reabierto caminos a las tradiciones, con acentuación indígena. Así como la Ruta de las Flores, puede extenderse esta actividad a otros municipios y, con emprendimiento lograr ampliarlos, dándole practicidad a una industria sin chimeneas.

En varios pueblos de El Salvador, con motivo de sus fiestas patronales y ferias, se pone de manifiesto el folclor de su música, los productos de su tierra y demás atractivos que le son propios: ruinas, ríos, balnearios y eventos vuelto tradicionales. Explotar, asimismo, su ventaja geográfica: un territorio con carreteras que acortan los destinos. Lamentablemente, descuidó el potencial de sus vías férreas, las cuales generaban turismo y permitían el desplazamiento de productos a muy bajo costo; pero, noticia de publicación reciente, menciona sobre inversores interesados en retomar su funcionamiento. Bienvenidos sean.

Alegra saber que los programas de Fomilenio II contemplan mejorar las condiciones de poblaciones y carreteras del litoral, abriendo nuevos rubros a sus habitantes, con la construcción de hoteles, zonas de pesca y microvías para el enlace de sus comunidades, vedadas por largo tiempo, de incrementar su comercio.

El filón citado permanece latente, dormido, en la tierra cuscatleca; para que dé frutos, solo falta la varita mágica y visionaria del aporte inversor. Una campaña bien organizada e incluyente enfocada en propiciar un año de impulso a la identidad nacional está en manos de los actores potenciales de concretarla: instituciones correspondientes del gobierno, la empresa privada y la cooperación internacional, cuyo gesto no se valoriza como es debido, por miopía política.

Tags:

  • turismo
  • identidad
  • nahuahablantes
  • tradiciones

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