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Formadores de almas

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El 24 de abril de 1928, por decreto legislativo, se estableció oficialmente el 22 de junio Día del Maestro en El Salvador, en dicha fecha se celebra esta ardua labor a los abnegados docentes salvadoreños que lo dejan todo en los salones, y llevan en sus manos el futuro y el progreso de muchas generaciones, tienen en sus corazones las ganas de ayudar y dar el pan del conocimiento, con pizarra y plumones van pintando sueños, con libros y cuadernos escriben anhelos, y con su voz corrigen muchos vuelos.

A pesar de las adversidades y de todos los problemas que conlleva está humanística carrera, y de las situaciones deplorables en las que se encuentran algunas instituciones públicas del país, siguen educando, dejan herencia invendible, el saber es el obsequio que brindan cada año, su única recompensa es ver volar alto y sin caer a cada uno de los ángeles que formaron, sus triunfos y logros los disfrutan como si fueran de sus mismos hijos.

Los maestros son mil usos, escuchan lamentos, ven el sufrir del corazón de un infante y se compadecen, algunos hasta sacan dinero de su bolsillo para compartir alguna merienda.

Hay maestros tan dinámicos que cantan, ríen y bailan tan solo por ver una sonrisa dibujada en los rostros de sus estudiantes.

Estos formadores de almas se esmeran por enseñar más que contenidos, enseñan valores, transmiten amor, patriotismo y dejan huella en los corazones de todas las generaciones que pasan por sus manos.

Esta carrera es la fiel muestra de paciencia, amor y dedicación.

¡Felicidades, docentes salvadoreños!

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