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Frente a los efectos de la cancelación del TPS hay que prepararse de inmediato

Todo lo referente a la emigración y a la inmigración es un entramado de situaciones que en ningún caso pueden ser enfocadas y manejadas de manera simplista. Aquí no se trata de buenos y malos, sino de realidades humanas que se desenvuelven en el espacio y en el tiempo.
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La conclusión del Estatus de Protección Temporal que desde 2001 venía protegiendo la permanencia en Estados Unidos de cerca de 200,000 salvadoreños no sólo ha generado grandes incertidumbres y ansiedades entre esa población ahora expuesta a todas las eventualidades, sino que representa un reto de extraordinarias proporciones para nuestro país en general. Los riesgos y los daños no se hacen esperar, ya que situaciones tan desgarradoras como la eventual desintegración de familias y tan atemorizantes como el regreso forzado de salvadoreños a su país de origen, del que emigraron en busca de una vida mejor o impelidos por los problemas de inseguridad, son ahora amenazas ciertas e inminentes.

Aparte de intensificar todo tipo de gestiones pertinentes allá en Estados Unidos para ver de qué manera se puede aprovechar esta contingencia tan desafortunada y dañina como un estímulo para lograr decisiones legislativas que apunten hacia la legalización permanente de nuestros compatriotas, el reto más agudo para El Salvador como sociedad que se halla en la obligación perentoria de velar por la suerte de todos sus componentes individualizados, aquí y allá y en todas partes, está en generar condiciones internas para que los salvadoreños que permanecen en nuestro suelo se sientan motivados a permanecer aquí y para que los que tengan que regresar por cualquier motivo no sólo sean recibidos de manera acogedora en lo anímico sino también en lo empresarial y en lo laboral.

La cancelación del TPS para los salvadoreños, pese a que deja un margen de 18 meses para intentar opciones legales y para generar oportunidades internas, pone toda esta temática en un angustioso nivel de urgencia, sobre todo porque no se sabe qué puede pasar en los hechos concretos. Tal situación tiene, pues, una doble cara: por un lado la incertidumbre más agobiante, y por otro el imperativo de redefinir actitudes y acciones en vía hacia las redefiniciones tanto institucionales como individuales. Lo cierto es que después de esta experiencia tan traumatizante habrá de seguro bastante más conciencia de lo que hay que hacer y de lo que ya no hay que hacer.

Ya está visto que el tratamiento práctico de una decisión como la tomada por las autoridades estadounidenses dejará lecciones para todos. Consideraciones simplistas como la que expresó un vocero del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, al decir que “los actuales vacíos en nuestras leyes de inmigración han creado un incentivo para los inmigrantes ilegales, quienes a propósito explotan esos mismos vacíos para tomar ventaja de nuestra generosidad”, son despistes que no corresponden a la naturaleza del fenómeno real. Lo que hay que hacer es reconocer de manera sincera e inteligente dicho fenómeno desde sus diversos ángulos y desde sus distintos planos.

Todo lo referente a la emigración y a la inmigración es un entramado de situaciones que en ningún caso pueden ser enfocadas y manejadas de manera simplista. Aquí no se trata de buenos y malos, sino de realidades humanas que se desenvuelven en el espacio y en el tiempo. Tanto en el lugar de origen como en el lugar de destino hay que desplegar las estrategias debidas para activar soluciones eficaces.

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