Lo más visto

Frente a los problemas actuales y a los desafíos del futuro solo la unidad funciona

Entendemos que se trata de un esfuerzo que siempre viene acompañado de dificultades, que pueden ser más o menos complicadas en los hechos; pero la lucidez y la sensatez hacen posible superar barreras y saltar obstáculos. A eso hay que apostarle.
Enlace copiado
Enlace copiado

Si algo estamos necesitando con urgencia en el país es superar el impase político que nos mantiene estancados en la inoperancia sin que se avizoren salidas hacia un estado de cosas que sea esperanzador y promisorio. Desde hace ya muchos años El Salvador ha dejado de ser un motor de progreso en el área, como si las energías que antes movían el dinamismo nacional hubieran entrado en fase de letargo, dando la sensación, que una gran mayoría de salvadoreños comparten, de que la creatividad ya no tiene la fuerza de antes, aun cuando las oportunidades y las perspectivas que ahora se abren son mucho más motivadoras y están más accesibles que en ningún otro momento.

Recuperar los impulsos que en otras épocas nos llevaron a tener un claro liderazgo en el área no será tarea fácil ni de corto aliento, porque el tiempo perdido es irrecuperable, y porque las ventajas que ahora nos llevan otras naciones del vecindario se van incrementando, lo cual para revertirse necesitaría un plan de acción no sólo imaginativo al máximo sino aglutinador por excelencia. Las herramientas que deben ponerse a disposición de ese plan que debe proponerse el gran salto son varias y todos las conocemos porque han estado inactivas haciéndonos pagar facturas de alto costo y de alto riesgo. Algunas de ellas son: la creatividad socioeconómica, la responsabilidad política, la habilidad institucional y la disciplina en la puesta en práctica del proyecto de cambio para bien.

En todo ese ejercicio destinado a generar efectividad y confianza el rol de la democracia es determinante en grado sumo. Y no una democracia manejada con mediocridad rutinaria, sino una democracia que se anime a ir poniendo todas las piezas de la realidad en su puesto, conforme a una lógica que se orienta al balance entre la diversidad y la unidad. Esto es algo que los salvadoreños, y sobre todo en el plano competitivo de la política, pretendemos dejar siempre de lado. Es preciso recomponer actitudes al respecto para no seguir atrapados en clisés que son a la vez artificiosos y peligrosos, como ese que se propone hacer una identificación absurda entre adversario y enemigo y entre amigo y cómplice.

El término “unidad” está muy distorsionado entre nosotros, porque se le tiende a confundir con uniformidad, lo cual en los hechos sería estar hablando de un artificio sin fundamento, porque en el ámbito social, que está marcado por el pluralismo, la uniformidad no puede ser un fenómeno generalizado, ya que lo que se hace sentir siempre, como expresión natural, son las diferencias. De lo que se trata es de administrar esas diferencias de tal manera que se puedan dar mecanismos unificadores tanto en el tratamiento como en las posibles soluciones; y para ello la buena aplicación práctica de los conceptos y los principios democráticos es esencial.

En especial cuando se está frente a problemas que nos atañen a todos de una manera incuestionable, como decir la seguridad y el crecimiento económico, lograr unidad de base en lo político se vuelve componente insoslayable.

Entendemos que se trata de un esfuerzo que siempre viene acompañado de dificultades, que pueden ser más o menos complicadas en los hechos; pero la lucidez y la sensatez hacen posible superar barreras y saltar obstáculos. A eso hay que apostarle.

Lee también

Comentarios