Fuerza, esperanza y juventud

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J. Pablo Espinoza Coautor de “El país que viene”

J. Pablo Espinoza Coautor de “El país que viene”

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Como nuevas generaciones, no nos corresponde juzgar la historia, pero sí nos concierne ser parte de un laborioso trabajo de voluntariado social, el contexto nos exige cada vez más encontrar fortaleza ante la adversidad. Hemos vivido históricamente situaciones críticas y oscuras, pero seguimos en pie. Invito a los ciudadanos del mañana, dejemos atrás lo que nos ofendió, perdonemos, no nos dejemos profanar por historias viejas y de división. Hoy enfrentamos este enorme desafío de patria: un horizonte común.

El Informe 2013 de Desarrollo Humano de El Salvador define el vocablo “nini” como la parte de la población de jóvenes que “ni estudia ni trabaja (ni reciben formación)”. La Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), realizada por la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC), muestra que en 2012 el 30.4 % de la juventud se encontraba estudiando en el sistema educativo formal o asistía a un centro de formación o capacitación; mientras que el 69.6 % de los jóvenes no estudiaba ni recibía algún tipo de formación o capacitación y, seguramente, cualquier analista podría llegar a opinar que nuestro sistema educativo se dirige a un fallo generalizado. Eso puede llegar a suceder si no trabajamos por un compromiso ahora.

De acuerdo con el informe “Violencia, cultura y seguridad pública en El Salvador”, publicado por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), históricamente la calidad de vida se ha caracterizado por su constante deterioro y por una sistemática descompensación y un desgaste de las relaciones sociales; es decir, estamos viviendo una cultura de violencia, agreguemos también problemas sociales que se pueden “derivar” de dicho enfoque: pobreza, un tejido de pausado crecimiento de la economía, la vulnerabilidad medioambiental, los deportados y un sinfín de contrariedades de las que somos parte y que tenemos la misión de un generoso trabajo de país que involucra a todos los sectores sociales, políticos, académicos, económicos, medioambientales, religiosos y culturales.

Entonces, ¿cuál es la misión de la juventud? ¿Cómo son las soluciones para las vías de la reconciliación? ¿Cuál es la clave para un cambio de ruta social? Cada uno de nosotros vemos de manera distinta el mundo, no debemos dudar de nuestra capacidad de amar, ser luz es la misión de toda la juventud en una sociedad donde cada uno de los que forman parte de ella han perdido la esperanza de algo mejor, por eso es importante ser siempre quienes somos, seguir esperando la bondad de los demás.

Suficientes heridas tiene nuestro pueblo como para vivir en resentimiento y odio con los demás, así que cada vez que el sol salga o veas una linda luna, atrévete a amar, a creer, a soñar en el país que viene, a entregarte en solidaridad con tus cercanos y al desconocido que lo necesita, es ahí cuando mostramos la fuerza de una sociedad.

Tener esperanza en la sociedad salvadoreña, para muchos, tristemente es sinónimo de ser ingenuo, pero hoy en día hay muchos como yo que están organizándose con mucha determinación y coraje a través de ONG, asociaciones, colectivos, en sus universidades, y todos tienen algo en común: desean ser los protagonistas del cambio y cada desafío los estimula a dar lo mejor de ellos, sin importar la ideología política, el estatus social, la religión u orientación sexual.

Jóvenes, hablemos con valentía y hagámonos escuchar.

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